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^rimerà frase vasca impresa conocida en Torres Naliarro, 1513

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(1)

■^rimerà fra se va sca im p re s a c o n o c id a en T o rre s N a lia rro , 1513

p o r el

P. Anselmo de Legarda

N otorio €s qu€ como p rim a r texto vasco im preso conocido co rre el pasaje de M arineo Sículo con su serie de palabras vizcaínas, aparecidas en 1530 (1).

Para alegría de los vascófilos puedo d e cir que me ha cab id o la su erte de d a r con una nueva frase vasca im presa, que nos perm ite a n tic ip a r la data no menos de catorce años, es decir, a fedha an­

terio r a 1517.

Breve es, en verdad, la expresión; p ero p o r ello no m engua su im p o rtan cia: los buscadores de oro recogen la pepita d im inuta y no ia m enosprecian p o r el an sia y codicia de masas que llenen ambas manos.

L a he hallado en la com edia de T orres N ah arro titulada Tinelarla, y reza así: ¡Boy, fedeal

En la fro n tera del vascuence im preso se alzará desde ahora, como un hito, esa frase del extrem sño, h ito que espero no e c h a rá raíces, antes bien, se rá fácil de a rra n c a r p ara clavarlo de nuevo en punto m ás adelantado, quién sabe si en tie rra de incunables.

Mucho antes la hubieran descubierto los lectores de M enéndez Pelayo, si éste, en su estudio Bartolomé de Torres Noharro yPro­

paladla (2), n o hubiese velado tras unos puntos suspensivos ese ju- (1) J. DE XTrqdijo. ¿Cuál es el primer texto vasco impreso conocido í Observaciones sobre los pasajes en vascuence de Marineo Sículo y otros auto­

res del siglo xvi, EH RIEV, 16, 1925, 477-491. Ahí se hallará una clara expo­

sición de los hechos.

(2) Apareció primeramente en el t. X de la colección «Libros de An­

taño», segundo de los dedicados a Torres Naharro, Madrid, 1900. Simultá­

neamente se editó en el t. IIS de la col. «Escritores CasteUanos», entre sus

«Estudios de Crítica Literaria. Tercera Serie», Madrid, 1900. tritimamenie se h a incorporado a la edición nacional de las Obras Completas del C. S. I. C., «Estudios y Discursos de Crítica Histórica y Literaria», t. II, Madrid, 1941.

(2)

ram en to vasco y otros d e distintas l<;ngiias europeas qus, a su pare­

cer, no h a c ia a al caso. Pues im agino que han sido m ás los que han conocido a T orres N ah a rro m sdiante e l estudio del polígrafo m on­

tañés que p o r lectura d ire cta de la Propaladla (3).

Si la perspicacia del c ritic o m oderno pasó p o r alto la frase y no se re firió al criad o v izcaíno que ocurre en la Tinelaria, dem ás está d e c ir que tampoco alcanzó ninguno de los dos extrem os don Leandro F ern án d ez de M oratín, ya qu-, en esta p arte, Menéndez Pelayo tiene a la vista los Orígenes del Teatro E spañol de aquel “a quien pocos h a n aventajado en el a rte difícil de exponer con tersa y sobria elegancia lo que sab ía”.

La razón del título se expresa en los versos del p ro p io au to r:

Pues, m is amos, la com edia titulam os a tinello, Tinellaria;

como de Plauto notam os que de asno dijo A sinaria (4).

E n ese tinelo, co cin a o com edor de la servidum bre del cardenal se desarrolla la obra, cijyo argum ento c ifra Menéndez Pelayo en estas lín e a s: “Los cinco actos de esta com edia son una interm inable orgía en las cocinas de un c a rd e n a l rom ano. La fidelidad del rem edo es tal, q u e liega a im pacientarnos poco m enos que si tuviésem os que a g u a n ta r la presencia y los discursos de todos aquellos dom ésticos, b orrachos, m al hablados, pendencieros y ladrones. Ya queda ditího que los personajes de esta bufonada son legión, y como cad a cual habla en su lengua (latín m acarrónico, francés, italiano, catalán, p o r­

tugués, castellano), resulta un dram a com o p ara representado no de­

lante del Papa, sino en la T o rre de Babel.” (5).

In te resan te es p a ra n uestro pro p ó sito el censo de personas que hablan en la Jo m a d a segunda:

Barrabás, cred en ciero Vizcaíno, siervo

Matía, siervo Petijan, siervo

F rancisco, siervo Escalco

(3) No lo digo en tooo de queja; pues sobrados méritos tiene contraídos con la lengua vasca el autor de los Orígenes de la Novela, desde el día en que le hizo tom ar a su tierra a Perucho con su canción.

(4) Comedia Tinelaria, según la edición de 1517, ed. dirigida por M. Ca­

ñete, t. IX de la col. «Libros de Antaño», Madrid 1860, pág. 346. Por esta edición se harán las citas.

(5) Bartolomé de Torres Naharro..., ed. nacional citada, pág. 349.

(3)

Fabio, siervo Godoy, escudero Portugués, siervo Moñiz, escudero

Tudcsco, siervo Osorio, escudero

Miquel, siervo.

C redenciero vale despensero. Matla es andaluz, pues defiende a Sevilla. Francisco, castellano, sogiin nos inform a nuestro vizcaíno.

Fabio, italiano. Miquel, valenciano, pues loa a V alencia: P etijan, francés. El Vizcaíno hace luego su p ro p ia p resen tació n :

Digo, bao,

yo criado estás en nao, vizcaíno eres, p o r cierto;

mas ju ro a Dios qu-s Bilbao la tiene m ucho buen puerto (6).

No es m aravilla que e n esta reunión de tan diversas naciones sue­

nen. tan diversas lenguas. El autor, que contem plaba la obra en su conjunto y se ufanaba de la innovación, quiso com unicar su en tu ­ siasm o a los ilustres espectadores, brin d án d o les en el P rohem io o Introito u n anticipo del poliglotism o. E n buona hora cedió a esa leve tentación de vanidad, pues en la taracea m ás o menos inteligi­

ble de idiom as, incrustó, como un diam ante, la frase vasca.

Hora, pues,

si mis versos tienen pies, v ariis linguis tiren coccs;

que vatibus hic mos est centum his poscere voces.

Y os prom eto

que se h ab rán visto, en efecto, de aquestas comedias pocas ; digo que el propio subjeto quiere cien lenguas y bocas.

(8) O. c., pág. 369. Largo comentario merecen la aparición de este viz­

caíno en el teatro castellano y las circunstancies que l© acompañan. En punto a concordancias, sobrepuja la regla de Quevedo. Como huésped de Roma, les señala el camino a otros hijos e hijas de Vizcaya. Oronológica- m «ite se anticipa a los que podríamos considerar como precursores del tipo vizcaíno. Ya que Jaime de Huete es un epígono de Torres Naharro, y na­

cieron en fecha muy posterior l«s obras de Palau y de Lope de Rueda, solaz de Cervantes en Sus añoe floridos. Barrunto que ese vizcaíno precoz de la Tineluria es tan digono de consideración como la frase vasca. Mas prefiero no desflorar el tema, cuando me consta que un amigo mío prepara un largo trabajo con el que seguramente podrán dilucidarse éSa y otras cuestiones.

(4)

de las cu ak s

las que son m ás m anüales

«n los tinelos de Roma, no todas tan principales, m as cualque p arte se toma.

V eréis vos :

¡J u r ’a Dio! ¡voto a Dios!

ip e r mon arm a! ;b ay fe dea! (sic) liobbigot! y ¡culycós!

¡boa fe naun cañada e mea!

d ’esta gente

va to can d o brevem ente:

todo e l resto es castellano q u ’es h ab lar m ás conveniente p a ra cualquier cortesano (7).

No sería em presa fácil el re p a rto de esos votos y juram entos en tre los personajes antes enum erados. Pues, dejado que alguno no es c la ro p a ra m í, al tudesco podríam os endosarle d o s: “iobbigot”, que suelta en la J o rn a d a tercera, al p o rfiar que n a d a sab.; de la carn e desaparecida (8), cuando la tien e oculta en la m anga del ju­

b ó n ; y aun el “ju r ’a D io” — con la venia de Fabio— , si vale el uso de Sancho P anza en e l banquete con R icole y com pañeros peregri­

nos, tras el fatigado fin y rem ate del gobierno de la ínsula.

P o r lo demás, es cuestión que no hace al caso e in teresa puntua­

liz a r lo relativo a la expresión vasca. Como se ha visto, el ed ito r m oderno la ha quebrado lastim osam ente. Ignoro cómo aparece en la ed ición de la "Propaladia de 1517; m as, p o r el facsím il se com prue­

b a que' en la ed ición an te rio r a esa fedha no se le som etió a tan dolorosa tortura.

E l significado d e la frase es obvio: bayi fedea: si, a la fe. El p ro p io Vizcaíno acude luego a la form a castellana:

Castillanos, a la fe, la tiene m il reposías (9).

O curre algo notable con esas dos expresiones : la castellana, co­

rrie n te y m oliente en la edad de oro, h ace años que lleva el estigm a (7) Ed. cit., páes. 344-345.

(8) «Nite carne y obblgot», pág. 392.

(9) Jom ada s ^ n d a , pág. 369. Tan exacta se le antojaba la equivalen­

cia al P. Larramendi que Jlegó a afirm ar en su Diccionario, s. v. Pe, que U, fe se tomó del Bescuence alá fedé*\ Es extraño que el señor Azkue no haya dado entrada a esa voz en su obra.

(5)

de anticuada en los diccionarios y a un e sc rito actual le com unica­

rla sabor arcaic o ; en cíimbio, la vasca pervive en toda su frescura (al menos en Baztán) y con e l m ism o dejo m alsonante jue ya tenia en la com edia de T orres N aharro.

Con esto entram os en el p u n to más delicado, la feclia de la co­

m edia y, en consecuencia, de la p rim era expresión vasca im presa conocida.

“Salió, pues, d e las prensas de Roma — dice Menéndez y Pela­

yo (10)—, en añ o que no podem os fija r (11), p3ro seguram ente pos-

P R O H E M I O

3 ] A f t í » Ç tp o f W ïc tI liiîi.

j] m c ( i< (u io t1a í u s iK m i«

jlqirt cMuxo«fi^%ia

( i e i i a l M c o m f t a a u .

I c M i t a t t n n o b l < s c n t c o o h a l í i o r a a l p m U n í c n r o ( i (1 C u u io o a c o n iK n k o tc c o n Cunto m t t t l o m k r a o m e n

e m t a g u l e u o l a m á C d o a i t u n o a c o m p a m a

■ a t t u n t a n u g H b d

qaioi m» oü/mu Icoganot

q o a l p o ( N f

B

|a i1 p c iio n * d í i é r c n

> fli «I in im o K D Íu n im « . n o q o í « i f c r u i t o f f e m e u mas quepcn & tlopK C m iai ( cm io cM o

conucrniidd dt(co l i9» i) r R g D u y n z o n a com o haztn ( ^ m neo dtlapafta m acaiiogn ffia-.and».

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<10 q iu l q u ift rio (r expande t il ( in r i K k m o lh a i alprqin n no conio itg n o d c ota pu«s

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S

i r c u d c t i I c n ^ D u f b o c : ; . ( l a t q a a k t l a i q u e io n i m t m m a i i a

« l o i cioelo« d ttio n M n o to d a s ta n p h n a p a ! « m u q u a l ^ p a tte Ce KMiu.

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« H i d d e f t o r M H »

« o a q M fcm itM ptO C B t*

f e M í s t n d U la tio t d e l a c o n c d i i ( n t n a f a m ñ i n

f o s q o e p o d n n « ttc o d tf g a n a ta n D Q p a t i l l o yDOIblo,' im g r a n p l a m m a s o n ¿ la t) Util c a iu fo t o s t n i y o K t

q o e a q o c f to a 'g n n d c i C to a o id o t a p u d ie ta n o c n ii d e c o m o fa * (ciuidOKS p te n í a n o t t o q u c c n f c n i i i q u a o c o n iin a s ía t ta td c s f i a t m a tin a t lo i iK K if h a T Ín td o g u e ti*

a l » p o b R s d e U R tinM liafta m < ir ilu (M Íe n a qiM ii ah o iM . c n c u .n u 4 ii U s n e g t J t

lerio r a 1513, fecha de la reconciliación de Carvajal con León X, y an te rio r a 1517, fecha de la P ro p alad la, u n a rarísim a edición suel­

ta de la Comedia Tinelaria, ofrecida en la port-ada a l Sumo Pontífice, (10) O. c-, págs. 275-276.

(11) El ejemplar de Oporto tiene en el frontis la feclia mmiuscrita de 1516, pero, aunque probable,' no es segura, pues no sabem«» cuándo n i pc.‘

quién fué añadida. (Nota de MyP). A ese ejemplar de la B'blioteca pública de Oporto corresponde el facsímil que ilustra estas páginas, según fotocopia que ha tenido la coridad de remitirme deíde aquellar ciudad el capuchino navarro R. P. Francisco de Olleta. Dios se lo premie.

(6)

cuyas arm as cam pean en e l fro n tis, y encabezada con u n a dedica­

to ria al C ardenal de Santa Cruz, de la cual resulta que esta com edia h ab ía sido re citad a delante de Su S a ntidad y de M onseñor Médicis su patrono; y que preguntándole «1 Cardenalt m uy com placido de la representación, p o r qué no im p rim ía sus obras, le rogó que, en todo caso, le d i e ^ copia de ésta; y que entonces se decidió a im ­ p rim ir, si no todas, algunas de sus com edias” (12).

O tras noticias esparcidas p o r d istin tas páginas d«l estudio y p o r la o b ra de P astor, nos ayudarán a en te n d er los hechos, ahí apuntados y a a d m itir la conclusión fundam ental de la data de la obra.

Salió ésta de las prensas de Rom a, porque a la C iudad etern a fué

■a p a ra r «1 autor después de su naufragio, cautiverio en A frica y res­

cate. Allí, en busca de buena som bra, se arrim ó a Julio de Médícís y luego, quizá p o r su condición de extrem eño, “al pródigo, fastuoso y turbulento C ardenal de Santa C ruz y obispo de Túsenlo, don Ber- n ard in o Carvajal.”

Hemos m entado la reconciliación de Carvajal, hecho que entraña p rev ia -enemistad y dis.cordia, p o r m ás que no la tuvo tanto con León X, elegido e l 11 de m arzo de 1513, como con su predecesor Ju lio IL A la subida de éste a l solio pontificio, estalló el cisma ca­

pitaneado p o r e l orgulloso Santa Cruz, cuyas triste s efem érides pue­

den verse m inuciosam ente relatadas en L. P asto r (13). T ras un de­

cenio de disturbios y 'rebeldía, dobló su altiva cerviz el cardenal extrem eño, y, tem blando de píes a cabeza de p u ra em oción, según afirm a un testigo ocular, leyó la fórm ula de abjuración el 27 de ju n io de 1513 y escuchó la fórm ula absolutoria de labios de León X (14).

Como en la edición suelta de la Tinelaria van unidas las arm as po n tificias y la d edicatoria al cardenal Carvajal, es ev idente que la com edia se im p rim ió c o n p o sterio rid ad a ese dia.

Subrayo la palabra dia; pues estoy persu ad id o de que la obra salió a luz ese m ism o año y — con la venia de M enéndez y Pelayo—

puede creerse q u e no es exacta su afirm ación de que apareció en año “seguram ente p o sterio r a 1513” .

(12) Esa edición suelta está descrita así en Menéndez y Pelayo, o. c., página 276 : <iComedia Tinelaria. Sa-nctissimo Domine Nostro D. L. Pont.

Max. Oblata per Barth di? Torres Naharro. A la vuelta de la portada está la dedicatoria. 4.«>, letra Itálica, 18 hojas, inclusa la portada, sin lugar ni afio». En esa misma página pu^de leerse el texto de la referida, dedicatoria, según copia debidi «a la buena amist-ad de la sabia escritora alemana Ca­

rolina Michaelis de VascoTiCellos», colaboradora también un día de la RIEV.

(13) Historia de los Papas..., vote. VI y VII, Barcelona, 1911, píwstm, (14) V. L u d o v i c o P a s t o r , o. c., vol. VII, p ^ . 80-82.

(7)

Estriban, mis razones en la sobredicha dedicatoriai donde leem os:

“A cuérdom e que» desj)ués de recitad a esta Comedia T inelaria 8 la San. D.N.E. e a m onseñor de Médicis, p a tró n raio, V.S. Rev. quiso verla y, después de vista, m e m andó que en todo caso le diesse la copia della. Tras desto m e dem andó la causa porque no dexava es­

ta m p ar lo que screvia. Si lo prim ero V.S.R. de otras cosas m ias oviera hecho, la segundo no estoviera p o r hacer. T anto es que no aviendo tales personas que m is obras cobdiciassen, convenía que yo de publicallas dubdasse...”

Parécem e que d e a h í se desprenden espontáneam ente v arías con­

clusiones. La Tinelaria no se e scrib ió p a ra recrear al c ard en al Car­

vajal, pues ést-e no sin tió el p ru rito de v erla hasta después de reci­

tada ante León X y m onseñor de M édicis, que paladearon las p ri­

m icias. Antes de to p a r con su paisano, T o rres N aharro gozó de la protección de m onseñor de M édicis y tam bién seguram ente de la sim patía de León X, apasionado de las representaciones escénicas.

Hasta la reconciliación del 27 de junio, los e x tr3meños m ilitaro n en cam pos opuestos. Con todo, dió a la estam pa su com edia m erced ex­

clusivam ente a las instancias y aliento del C ardenal d« su tierra, p ero n i au n entonces echó en olvido el a u to r las arm as pontificias n i el nom bre de su patró n , m onseñor de Médicis.

Sin d esp u n tar de agudo puede observarse que a ese Julio de Mé­

dicis, futuro Clemente VII, sigue recordándole con cariño y g ra titu d : “ m onseñor de Médicis, p a tró n m ió” .

En el cursas honorum de eso prim o de León X h ay dos fechas fundam entales p a ra n uestro objeto: recibió e l nom bram iento de a r ­ zobispo de F lorencia e l 9 de m ayo de 1513, y el capelo cardenali­

cio el 23 de setiem bre de ese m ismo 1513 (15).

Nótese que T orres N aharro en la d edicatoria le recu erd a como sim ple m onseñor de M édicis, sin darle el título propio de un carde­

nal. Luego al tiem po de escribirse esa dedicatoria, Ju lio de Médicis no era cardenal, sino sim ple arzobispo de Florencia. De ahí s3 de­

duce que la d edicatoria se escribió después del 27 de ju n io y antes del 23 de septiem bre de 1513.

A dm itido eso, evidente resulta que la Tinelaria se im prim ió en tre esas dos fechas, pues no os verosím il que el au to r se h u b iera des­

preocupado tanto de su o b ra que no cuidara de in te rc a la r el fla­

m ante título de su p a tró n , al re c ib ir tan grata nueva.

En el encabezam iento latin o de la dedicatoria perfila escrupulo­

sam ente el título card en alicio de Carvajal, como en u n a inscripción (15) V. L. P a s t o r , o. c., vo. VII, pág. 99.

(8)

m arm órea. No S€ concibe que le escamotease igual título a su p atró n , si lo poseía ya.

E l m ero título de m onseñor Is cuadraba a un arzobispo o a un nuncio. Si se refería a un c a rd e n sl, se le agregaba “ reverendísim o” , o se usaba éste sólo, aun alu d ien d o un cardenal a otro d « ). ¡Cuánto m ás al m entar u n criado a su patrón!

P o r todo ello me he persu ad id o que la p rim ara expresión vasca im presa conocida pertenece al verano de 1513.

Quede, pues, trem olando al viento esa frass de T orres N aharro y revolvamos con afán d iu rn o y nocturno las páginas de nuestra literatura, donde intranquilas duerm en otras, esperando u n a m ano de nieve o vellosa, como las notas del arp a de Bécquer.

(16) Así en la carta del cardenal Segismundo Gonzage al Marqués de Mantua, el 11 de marzo de 1513, al participarle la elección d© otro «mon­

señor reverendísimo de Médicis», el Papa I/Cón X. En IJ. Pastor, o. c., volu­

men V in , Apéndices, págs. 396-397. Corrobórase mi tesis con diversos docu­

mentos publicados en las páginas siguientes de «se m iaño volumen. Es in­

teresante comparar los números 5 y 6 : a San Severino, compañero de Santa Cruz en la rebeldía y reconciliación, antes de ésta se le encaja un monseñor a 5ecas y se advierte que ellos no se dan el nombre de cardenales; en cambio, él mismo informante, en el otro documento, luego de la reconci­

liación, les da su título propio : «los dos ahora reverendísim<» cardenales».

Véanse también los documentos números 18, 24 y 25. En el número 57, Bal­

tasar Castiglione, con fecha 19 de agosto de 1519, trae a cuento un bene­

ficio vacante que probablemente se conferirá a «monseñor de Médicis».

Por datos aducidos por Pastor en ese mismo volumen, pág. 88 y otras, se echa de ver que el autor de El Cortesano no se refiere al Cardenal, sino

<v Rafael de Médicis, que precisamente ese mes de agosto reanudó su carrera diplomàtica como nuncio ant© Carlos V.

Referenties

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