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(1)

TRABAJOS DEL SEMINARIO DE FILO LO G IA V A S C A "JULIO DE URQUIJO"

'lombres vascos de persona

p o r

LUIS MICHELENA - ANGEL Y R IG A R A Y

Comunicación presentada al 5.® Congreso Internacional de Ciencias Onomásticas.

Salamanca, 1955.

1. Los nom bres vascos de persona, entendiendo por tales las form a s típica s en que se presentan en V asconia — a con se­

cu en cia de cam bios fon éticos o de acom odación— algunos n om ­ bres, cualquiera que sea su origen, n o h a n tenido una existencia

m u y próspera. Las fuen tes de que disponem os para su estudio son de dos cla ses: docum entos m edievales o m odernos, redac­

tados en latín o rom ance, y textos vascos- A éstos podem os aña­

dir com o suplem ento algunos testim onios de personas que se preocu pa ron de señalar las form as vascas de algunos nom bres, el m ás an tiguo de los cuales, el de la G uía del peregrino de Santiago de Com postela, atribuida a Aim ery Picaud, se rem onta al siglo X II.

Es claro, en cu a n to a los datos del prim er grupo, que estos nom bres vascos ten ían que resaltar com o cuerpos extraños en docum entos redactados en otra lengua, es decir, que tuvieron que sentirse, c o n m ás o m enos intensidad según los tiem pos y los lugares, co m o localism os o vulgarism os (1). Por ello, tratán­

dose de un orden de cosas en que el prestigio y la m oda tienen

(1 ) Un p a ra lelo in stru ctivo es e l que o fre ce n , ea nuestros m ism os dias, las form as populares, es d e c ir , vascas, d e los nom bres de lu g a r, que en g e n e ra l se p osp on en a las o ficia le s . En la Prensa d ia ria pueden verse, por ejiem plo, fo to g ra fía s de 1931 e n que aparece un cartel de salutación de los h£i>itantes de G uernica, red a cta d o en vascu ence, en q u e se lee G ernika-Laao, cu a n d o e l n om bre popular de la últim a potílación es L am o: c f . vasc. kuma (ju n t o a ua) de la t. cuiui, etc.

(2)

tan ta im portancia, puede decirse que estaban de antem ano con ­ denados a llevar prim ero una existencia por decirlo así subte­

rrán ea y a desaparecer después e n plazo m ás o m enos leja n o, excepto en algún caso particularm ente favorable en que las fo r­

m as vascas se naturalizaron en las lenguas vecinas. P or lo que respecta a los textos vascos, éstos son bastante tardíos y sus tes­

tim onios no son siempre todo lo abundantes que en este aspecto desearíam os.

2. El m aterial llegado a n osotros en fo rm a fragm en taria no h a sido, por otra parte, debidam ente estudiado, a pesar de que, aparte de su valor lingüístico, su testim onio podría presentar interés en relación co n la debatida cu estión de la fe c h a e n que el cristianism o se in trodu jo en V ascon ia y co n las m odalidades de la cristianización. Los autores vascos, por razones que no es del caso estudiar pero qu e tienen p o co que ver c o n con sidera­

cion es objetivas, rara vez se han ocupado de ellos.

Com o en to d o lo relacionado c o n la on om ástica vasca, el estudio de la an troponim ia fu é iniciado y establecido sobre bases cien tífica s por A. L uchaire (2), quien señaló, adem ás, la im por­

tan cia de tales nom bres para la historia de lo s sonidos vascos.

Su labor en el ca m p o de la on om á stica n o h a tenido m u ch os continuadores, c o n la brillan te excepción de J. Caro B aroja, com o tam p oco h a sido m uy seguida la certera orien ta ción his­

tórica que quiso dar al estudio de la lengua vasca.

En fe ch a m ás reciente, m erecen especial m en ción dos artícu­

los de F. del V alle Lersundi (3). B asándose en docu m en tos gui- pu zcoanos de los siglos X V I y X V II — aim que señalando que h ech os análogos se daban en las regiones vecinas— , estudió sis­

tem áticam ente fen óm en os que, aunque con ocid os parcialm ente, n o se h abían con siderado en c o n ju n to : la form a ción del fem e­

n in o e n -iza (Lopeiza, M artiza, O choiza, etc.) y el em pleo de la palatalización con fu n ció n h ipocorística (C helena, Chana de Elena, A n a ; Chatalin, Chopeiza, Ctiadalen, C hecolas de Catalina, Lopeiza, M agdalena, N icolás; M ichel de M ikele o M iguel, etc.).

C ita tam bién en su tra b a jo form a s n o dim inutivas caracterís-

( 2 ) “ Sur- les noms p rop res basques contenus dans quelques docum ents py rén ées d<?s X le , X K e et X l l l e siècles” . Revue, de L in gu istiq u e 14, 150 ss.>

r ila d o en adelante Luch.

( 3 ) “ ü n a form a del fem en in o y el valoir die la letra ch c o m o d im in u tivo e n Jos n om bres de los g u ip u z co a n o s de los s ig lo s XV y XVI” . RIEV 2 4 , 176 s s .;

v a lor de la letra ch com o dim inutivo en los nom bres de l05 va scon g a d os kH s ig lo s XV y XVI” , RIEV 2 5 , 1^2 ss.

(3)

ticas del país, pero n o fu é ese aspecto que le interesara par­

ticularm ente (4).

3- Dam os aquí una lista docum entada de algunos ‘prén om s vascos, es decir, de los caracterizados com o tales por su difusión y, sobre todo, p o r su contextura fón ica . Nos interesan, pues, exclusivam ente aquellos nom bres que tienen correspon den cia en otras zonas lingüísticas, y om itirem os, por el con trario, los que siendo de origen va^co, explicables p o r térm inos com unes del vocabulario de la lengua (tip o G abón, Urdina, Usoa, etc.), no están representados fuera de nuestro país.

Los criterios form ales de que nos servimos, siem pre que es posible, p ara esta discrim inación son los rasgos diferenciales de la evolución de los sonidos vascos que en lo fundam ental fu eron ya certeram ente señalados por Luchaire y pueden con si­

derarse plen am en te válidos h o y en día, aunque la investigación posterior m ás bien h a con fu n d id o que aclarado los hech os. Son éstos prin cip a lm en te: 1) la sonorización de las oclusivas in icia­

les, 2) la con serva ción de las oclusivas sordas intervocálicas, 3) prótesis v o cá lica ante r- y 4) paso de l, II, n, nn entre vocales a r, l, cero y n. No ignoram os, naturalm ente, que algunos de estos rasgos se dan tam bién en territorios vecinos.

No se nos ocu lta tam poco la heterogeneidad del m aterial que presentam os. No todos los nom bres pertenecen a la m ism a capa y algunos proceden, sin duda, de dialectos rom án icos vecinos y son arcaísm os a lo sum o en el sentido, frecuente en vasc., de que esta lengua h a con servado form as y a anticuadas o caídas com pletam ente en desuso en el lugar de origen.

4. Para los nom bres navarros h em os aprovechado en pri­

m er lugar las n otas que uno de nosotros (A. Yrigaray) h a venido recogiendo. Señalam os en particular las tom adas del rolde de fu egos de Navarra de 1366 en el A rchivo G eneral de Navarra, abreviado R olde 1366, y las procedentes del pleito sostenido en el año 1748 (P leito 1748) entre el A yuntam iento del valle del B aztán y el m onasterio de Urdax, donde se cop ia n docum entos anteriores.

A d em á s:

Irañzu J. M. Lacarra, «O nom ástica vasca del siglo X I I I » ,

(4 ) V. tam bién J. de U rqu ijo, “ Nombres vascos” , RIEV 5 , 5 6 -5 7 (datos reu n id os por J, C. de Guerra) y A, Iriga ra y, “ Euskel izen a k” , Ajrgia niim . 458 (2 -2 -1 9 3 0 ), "L es prénom s basques” . Cure H erría 14, 4 7 9 s . , “ C on trib u ción a la on om ástica vasca” , RIEV 24, 3 1 4 ss.

(4)

RIEV 21, 247 SS. (datos procedentes del «Libro R u bro» del m o­

nasterio de iranzu).

Pampl- 1^50 J. J. U ranga, «La p ob la ción de la Navarrería de pa m p lon a en 1350», P rin cipe de Viana 13, 67 ss.

Otras coleccion es de docim ientos m edievales que citam os son : Card. P. L uciano Serrano, B ecerro G ótico de Cardeña, Valla­

dolid, 1910.

CSM. P. L uciano Serrano, Cartulario de S. M illán de la Co~

galla, Madrid, 1930.

P edro I. A. Ubieto Arteta, C olección diplom ática de P edro J de Aragón, Zaragoza, 1951.

Valb. M. Lucas A ngulo, «Libro becerro del m onasterio de Val- ban era». Estudios de Edad M edia de la Corona de A ragón, 4, 451 ss.

Los núm eros rem iten aquí al núm ero de orden del docum ento.

No h em os estudiado exhaustivam ente los textos vascos anti­

guos, pero sí, a lo que creem os, una parte sustancial de los mismos. Las prin cipales obras con su ltadas son, en un orden aproxim ado de com p osición :

D ech . B- D echepare, Linguae V asconum Prim itiae, Bur­

deos, 1545.

Leig. I. Leigarragas B askische B ü ch er von 1571. Strass- burg, 1900.

Gar. Los R efra n es de G aribay por Julio d e Ürquijo e Iharra, San Sebastián, 1919.

RS. R efra n es y S entencias, Pam plona, 1596.

B e t Betolaga, D octrin a Christiana, B ilbao, 1596.

Ber. Juan de Beriayn, D octrin a Christiana, Pam plona, 1626.

Noelac. Joannes Etcheberri, N oelac, Bordelen, 1630 ó 1631.

Axular. P- de Axular, G üero, Bordelen, 1643.

Cap. M, O ch oa de Capanaga, Esyposicion h reu e de la doctrina Christiana, Vizeun, 1893 (1.^ ed. 3>urango, 1656).

Oih. Les proverb es recueillis par le Sr. d'Oihenart, plus les p oésies iyasgues du m esm e auteur, París, 1657.

H arizm endi. E. H arizm endi, V irginaren o fficio a , 1658 ó 1659.

Mie. R a fa el de M icoleta, M odo h reue para aprender la lengua

vizcaina (m s., 1659). •

S. Pouv. S- Pouvreau, D iccionario m anuscrito.

Argaignaratz. P. d ’A rgaignaratz, D evo ten trev ia rioa , B ayon ­ ne, 1665.

Tartas. lu á n de Tartas, Onsa h ilceco bidia, O rthecen, 1666.

E tcheberri. Obras vascongadas del d octor labortano Joannes de E tcheberri, París, 1907.

(5)

Eleiz. Eleizalde, A pezendaco doctrina cristiana euscaraz. Pam­

plon a, 1735.

H araneder. J. N. Haraneder, Jesu-Christo gure Jaunaren Tes- ta m en t Berria, Baionan, 1854.

M oguel. J. A- M oguel, El doctor P eru Abarca, D urango, 1881.

Duv. D uvoisin, B ible Saindua edo T estam ent Zahar eta Be­

rria, Londres, 1859-1865.

H em os consultado tam bién el C om pendio historial de la M. N. y M. L. P rovincia de G uipúzcoa de Lope de Isasti (citado isa sti) en la edición de S an Sebastián de 1850, por cuyas pági­

n as citam os, pero teniendo a la vista el ms. de la D iputación de G uipúzcoa. Lizaso rem ite al N obiliario... de la M. N. y M. L.

P rovincia de G uipúzcoa (San Sebastián, 1901) de D. de Lizaso.

De Floranes h em os aprovechado sus M em orias históricas sobre G uipúzcoa, pu blicadas en el m ism o volum en que su A ntiguo Obispado de Alava, M adrid, 1920.

P ara la C rónica Ibargüen-C achopin, inédita en su m ayor parte, puede verse el artículo «Las escrituras a pócrifa s de An- dram endi» de M-* M. Bidegain y L. M ichelena (B oletín de la R. Sociedad Vascongada d e los A m igos del País. 10, 171, ss.) e In fo rm e em itido por D. Luis de Lezam a Leguizam ón acerca d e la obra m anuscrita conocida con el nom bre de ’’ Crónica de Ibargü en ” , Bilbao, 1921.

AEF, finalm ente, rem ite al Anuario de Eusko-Folklore.

A nso S a n c h o : .ánsso ederr, Ansso apallo, fem . A ndre Ansa Rolde 1366. La ú n ica prueba expresa de la equivalencia .¡4nso=

S ancho era hasta ahora (v. J. de U rquijo, Euskalerriaren-aíde 11, 338) el cantar de Sandaili, recogido en el siglo X V I por el Dr. Puerto de H ernani y pu blicado en las notas de F lo r a n ^ (p. 242-243); Oih. Prov. 28, copiado por S. Pouv., se lim ita a d ecir: <&Ancho [e n el texto vasco Anxo'] c'est le n om propre d ’vn h om m e.2. A hora puede añadirse el testim onio reiterado del ms.

Iba rgü en -C ach opin : «A nso O ca... en nuestro castellano rom an­

ce S a n ch o O ca », « ...y el se llam ó de allí adelante. A nso S aon ch , que en castellan o quyere dezir Sancho Saez». El patron ím ico se repite en E n eco S aoncho (sic, sin duda por error) «que quyere dezir en rom ang Y ñ ygo Saez», « ...e G a rfia Saez, que en bas-

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cu en ce se dixo G arçi S a on ch »- L a filia ción de S aon ch podría ser; S a n s o itz > ’^Sansoch (c f. vizc. aretx, "bakotx areitz, 'bakoitz)

A A

> *S an ocfi (c f. S ancho Sanoyz Iranzu) > *S aoch> S aonch. V.

Sanso, de donde procede Anso tam bién por pérdida disim ilatoria:

cf- guip. atoz, a to zte «venid vos, vosotros» de zatoz, za tozte. Este fen óm en o no está lim itado a "las silbantes, p o r lo que ejem plos com o los citados por M enéndez Pidal (O rígen es del español 322), que «ya no se explican tan b ie n », de pérdida disim ilatoria de la nasal inicial podrían tener explicación v a sca : p o r lo m enos Sanxo Unnuz de Bosturia era vizcaíno y aparece en un d ocu ­ m ento relativo a Vizcaya. Anso se h a conservado en los apelli­

dos A nsorena, A n ch oren a, top. A n solan zen ea casa de Labayen (Nav.), etcétera.

A paricu Rolde 1366: ¿m al escrito o m al copiado por *A pa- rigu A paricio, E pifanio?

APria A d riá n : top. Santatria San Adrián, form a que hem os recogido directam ente por O ñ ate; «San A drián (erm ita en Ze- gam a). Su nom bre vulgar es Sandratei en Z egam a y Santatri en A ta u n », D. de lïig o y e n , «Erm itas e iglesias de G u ipú zcoa », AEF 14, 9, núm . 2. En S a n tatrifm en d i= A izk orri, cita do por Iri- goyen, la fa lta de -a se explica por la proclisis.

Auria O ria: A ndere Auria Zaarra Leire año 1805 (Luch.), A urya d’A rricia, A urya en la casa de S ancet Pam p. 1350, Auria de garayoa R olde 1366.

Azeari R econ ocid o ya por Luch. com o la form a vasca (m ás precisam ente, tardía) de A zenari (> Aznar, e tc.): « ...la double form e basque A cenari et A ceari, la seconde en core plus c o n fo r ­ me peut-être au génie de la langue. O n sait en e ffe t que la chute de n entre deux voyelles est un des traits caractéristiques de la phonétique basque»- Com o origen Luch. pensaba en lat. Asina- rius. Patr. Aceariz, Açariz.

Baladi B las: conservado en el setribillo popular «Jaun done B a la d i/n ik sua estali / edozein gaixto jin baladi / bortan bedi a rri»; top. P u en te San Bladi Pleito 1748. El cam bio z> d, si ha de interpretarse así, no tiene n ada de vasco.

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B azkoare Pascual: Bazcoare doricain R olde 1366; cf. Pas- coale de D. M artin Lerga 1428. Para -r-< -l-, v, Berasko^ G arindo;

Estibariz aparece tam bién com o nom bre de persona en los si­

glos X V y X V I, com o variante vasca de Estibalitz, top. Estivaliz en A lava ( < A estiu a lis?). Para la sonorización de la oclusiva ini­

cial, cf. S cem en B á te m e {< P atern i) Valb. 191, año 1109, S cem eno B á te m e fidiator 185 y 187, años 1101 y 1103.

B erasko Belasco, V elasco: «Les form es basques sont Beras- co, B erascoiz pour le pays basquer^spagnol, et B r a s c (o ), Bres- quitú. pour le pays basque-français» (Luch.)- En el siglo X III, B erasco coca, L ope erascoyz (v. para el últim o M enéndez Pidal, O rígenes 322), Iranzu. Esto supone una grave dificu lta d para la etim ología corriente, B elasco vasc. b ele «cu ervo», cuya -l- su­

pon e “L- (o -U-) antigua (vasc. -elu lat. -ellu, etc.) B erascoiz puede proceder de B elasconis con pérdida de n intervocálica, y ésta podría ser la etim ología de Briscous, vasc. B ezk oitze co n pérdida reciente de r, pues Leiç. escribe B erascoizco, m e jo r que la propuesta por R oh lfs RFE 36, 235 s. (VerisciLS -\- -ossu). Para el genitivo de antropónim os en la toponim ia, v. J. M. Piel, No~

m es de «possessores» latino-cristáos na toponim ia asturo-galego- portuguesa. Bastará citar en V asconia Lepuzain (Nav.) de Ner potiani, cu yos correspondientes exactos son L ebuçâo en Portu­

gal y Lebozán en G alicia (Piel, 113): cf. N ébouzan en el Piri­

neo francés.

B ernat B ernardo: M ossen B ern ai ech epare Dech. quien en la dedicatoria de su obra, de tono m ás elevado, se llam a a sí m ism o bernard ech ep a recoa y llam a a su am igo Bernard L eh ete.

Dim. B eñ a t: c f. b.-nav. Eñaui dim. de Arnaut, b.-nav. sul. Alian- de, Ellande, Arnalde. T am bién con disim ilación B etran Beltrán, dim. B ettan , PeMan.

B0t( i ) r i P edro: uetri gam bruynero (A rta jon a s- X IV ) Iran ­ zu, BéOri M artiniz de Sant E s te u e n ,--- de D ip u la tç e ,---de Çariqueguy Pampl. 1350, Betri dayçaroz. B etri mz. dalcayaga R olde 1366, B etri N oelac 132, Betiri, B etri (Labort. s. X V II y X V III) Colas La tam be basque 168 y 311, etc. Sin sonorizar P etri danurdina Rolde 1366, P etri X ubia Leiza 1530, Petriquo Lerga 1428, «á San Pedro llamamos, Jaun done Petrii>, isasti 166,

«Pedro de B engoechea, por otro nom bre Petri, señor de este solar de B engoechea [en Ig u eld o]» Lizaso II 144, lo a n done

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P etri Ber. (pero Eleiz. S. P ed ro), lo n d o n e P etri Axular, ío a n d o n é P étirl T artas 178, sul. mod. P h e tí(r )i, top. D unapetri O ñate (G u ip o, e tc.;, dim. B etti, P etti. A su lado existe desde antigu o la form a rom an ceada P erú (en Gar- G. 139 22 Pieru, fren te a P eru ch o y P erú G a r d a en el m ism o autor, parece una errata), 'P e r ú A lem án, P erú fijo del abat durquigu Rolde 1366, que en V izcaya se h a conservado hasta nuestros días lo m ism o que el dim. C heru (C h e r u c o ): incluso parece h aber existido una va­

riante co n in icial sonorizada a juzgar por B ero de ta yo (e n Ole- ju a ) Iranzu. El dim. guipuzcoano P ello supone P ero o P edro.

H ay toda una serie de derivados, de carácter m ás o m en os a fe c­

tiv o : P eru co deligaondo (fem . P eru ca dollozi) R olde 1366, P eroch de Çuraurre, —- de Ligasso,de Çya Pam pl. 1350, P ero ch de Çuraurre R olde 1366, P eru ste de Arbelaiz (Irú n ) Isasti 472 (c f. P eru sten ea casa de Leiza, Nav.), P eru le de g a rd a guri, P e- ru x e y a teco R olde 1366, P eru ch o Leiza 1530, Tercera Celestina, Gar., etc. En Iranzu aparece un fem . Petrussa, en Guip. en el s. X V I Periza. En el país vasco-fran cés es corrien te Pierris (ya en Leiç.), Piarres, p ierres (Axular)- Nos resulta d ifícil de expli­

ca r el a. vizc. P er i(a ), con servado en el C on fiteor probablem ente por arcaism o, de donde procede el top. D ineperiaga en (S. Pe­

dro) de Deusto y n o de ^D oneperuaga com o quería J. G árate HIEV 24, 358: Bet. la n d on e Periari (dos veces) «a S. P edro», Cap. la n d on e (la segunda vez la u n d o n e) Periagaz san Pablori lit. «con S. Pedro a S. P a b lo», pero VJ la n d o n e Peri, età PaulorU la n d o n e Peri, età lu á n San Paulori, El patr. P eritz aparece fre ­ cuentem en te en Navarra y L a b ort: Joam peritz d’ ü r th e (S. Juan de Luz, 1640) V inson 24:,J uanpaitzeneko borda casa de Esain (N av.), Juanpaitzenea ca sa de Etulain (Id .), M iqueleperitzena (M igu eleperitzen a) apellido, etc.

Bikendi, B iken ti V icen te: top. B ikendi en Vizc. (erm ita de S. V icente de M iqueldi), ap. Biquendi, Viquendi (casa solariega en A izarna ,Guip.), «doné Vikeriti, qui veut dire Saint V in cen t»

O ih. P réface, cf. CSM 48 Tellu V inquentize (A lava, año 952);

top, D om itxen ti en G arde, R on ca l, a com parar c o n G auzfredus capellanus Sancti V in cen tii e t clerici de G arde Pedro I 43 (c o n ­ cordia entre el abad de Leire y los vecin os de G arde, a ñ o 1098).

En RS 318 D o n e Vigen arguia «San V içen te relu zien te»; Gar.

dice F ray V icen te refiriéndose a S. V icente Ferrer. El dim. Bi- x in tx o (en Guip. B ixin txo o MUdntxo, nom bre de un a fiesta, aparece ya e n N oelac 222 : la u n D oni V ich in tch o / M ártir eta apphizpicu.

(9)

Diaoz D iego: Jaun D iaoz A rocoa D on D iego de H aro, I b -^ a c h . cuad. 75 (Lezam a, In form e 27). Si el nom bre está bien escrito (o bien leído), tiene todo el aspecto de ser una form a ro­

m á n ica tardía (v. M enéndez Pidal, O rígenes 261), en cuyo caso sorprende la silbante final.

DomiJcu, DomeJca D om ingo, D om en ga: D om ieu (a corregir en D om icu ) bacterreco iranzu, D om icu x em en y z R olde 1366; D om eca ortiz de "berroeta (M. Arigita RIEV 3, 67 n. 4, h acia 1150), D om e­

ca d’ Orondiriz Pam pl. 1350, D om eca xem en iz R olde 13o6; segiin L. de Eleizalde, RJEV 14, 560, D om eca (in clu ido por Azkue en su D iccionario co m o vizc. arcaico) es el nom bre de u n a n iñ a bautizada en la parroquia de Santiago (B ilbao) en 1557; cf. Do- m aquenia casa de Egozcue, Nav. En Guip. hay fem . D om ecoiza, D om icuza (V. Lersundi). La alternancia i / e es la m ism a que se observa e n las form as rom ances correspondientes (c f. tam bién D om en ca begu y urdina Pampl. 1350) y en los dim inutivos Cho~

m in (corrien te todavía h oy), fem . Chom en (añ o 1516, VaUe Ler­

sundi). Segú n S. de Altube, Euskera 14, 175, existe o h a existido ei dim- T xom ek a que no nos h a sido posible docum entar. D om in­

go, de donde proced e Chom in, h a debido generalizarse en fe c h a tem prana, pues aparece en Sauguis y O ihenart (y copia do de éste e n S. Pouvreau).

Dota, Tota T o d a : ama dota. D ota m unoco. Tota Qauala Iranzu, T ota Chiquyrra, Tota de M uniain Pampl. 1350, dim. !To- ta c o je (-je= -< ce) R S 306, traducido por Totica. La form a co n la sorda in terior con servada es naturalm ente frecuente en fech a s m ás an tiguas: andre to ta sem enoyz. Tota de B iota Arigita, La A sunción de la Santísim a Virgen y su culto en Navarra 19 n., año 1181.

Edrigu R o d rig o : Edrigu de Villandran «R odrigo de V illan- dran» Gar. Ce 79, LIV.

E n eko Iñ ig o : «En la casa de M endizabal garaicoa [d e G o- y a z] h u bo un tiem po un fortísim o hom bre llam ado E neco, m uy nom brado, de quien hasta h o y h a y m em oria e n aquella tierra»

Isasti 110, E n eco a x eca hi harzari «Eneco, saisis-toy de l’ours»

Oih. Prov. 139, E n econ ea casa de Irurita (B aztán), E n ecotegu i, N ecoch ea apellidos, etc. Es naturalm ente m uy frecu en te en do­

cu m en tos m edievales tardíos de Navarra ju n to a la form a ro­

(10)

m anceada: E neco G arciz (pero G arcía Y en egu iz) Iranzu, etc.

Dim. E necot. Pem. N ecoisa V- Lersundi. El patr. E n ecoyz puede proceder directam ente (v. B erasko) del gen. Enneconis\ v . Ler­

sundi cita E n ecoch (< E n e c o itz , cf. O nsaluch) considerándolo, probablem ent^ por error, com o un dim inutivo.

Eriz Considerado por Luch. com o la form a vasca de Eles,

«n om d ’origine probablem ent gothiqaie», parece S’er el represen­

tante vasco de lat. F e lix : c f. a. cast. Peles. La id en tifica ción pa­

rece asegurada por una n ota m an u scrita de S. Pouvreau que Vinson R IE V 6, 407, leía «D onna haritze, dona F elizen S. Félix», aunque el segundo puede leerse con preferen cia dona felize^ El patr. es Erlziz.

Errem on R am ón (es decir, R e m ó n ): E rrem on (L anz) R ol­

de 1366. A ctual Erram un, pero en p osición no in icial San Ra- rnun, en Oyarzun, M. de L ecu on a AEF, 26. Cf. para la v oca l pro- tética San Errapel San R afael, O yarzun ib., Errolan R oldán, Etcheberri 30, cu ya form a vizcaín a se h a con servado en erraldoi

«gigan te» de *errald oe *erroldae. Con a-, A rruert A rguinarena jurado de OT-onos, A rruert de G o y en ech e jurado de Azpilqueta P leito 1748.

Estebe, E zteb e Esteban : « á San Esteuan, Jaun done EsteuC'* ; Leiç. escribe E steben. Patr. E steueiz en M aría E steueiz de G ue- tarya Pam pl. 1350, etc. Fem. E steb en n y (d ’ U rte) bautizada en S. Juan de Luz en 1672, V inson Essai 24, mod- Isteb en i E stefanía (en Errazu, B a ztá n ): L hande escribe Estebe, E stefana. Con z.

E zteve M achicorena (O ronoz) Pleito 1748, Ezt'ebe Duv., top. Do- n ezteb e Santesteban (Nav.) y St.-Etienne (Soule), atestiguado el últim o en 1790 co m o Don^-Eztebe-hiri, D ozte (e n las listas de EleizaJde D on esteb e) caserío de R égil (G uip.) cerca n o a la ermi­

ta de S. Esteban AEF 14, 30 n.® 171.

Garindo G alin d o: «GALINDO, fréquent dans les ch artes es­

pagnoles, et aussi dans les chartes pyrénéennes fran çaises, p a r ticulièrem ent sous la form e Galin, a don n é en basque, par la m utation ordinaire de l en r, G arindo» (L uch.). El patron ím ico es Garindoiz, Garindiz, que puede proceder directam ente de Galindonis. Luch. señaló tam bién que este an tropòn im o es la base del nom bre de pob la ción navarro G arinoain (d o c. Garin- n o a in ): añádase G arindein, vasc- G2(r)in d â ü e en la Soule.

(11)

Garzea, Garzia G arcía: Peru G arcía Gar., G arçi S a o n c h = G a rd a Saez Ib.-^Cach., G ard a Sauguisí 130, G arsea (es decir, Gar- zea ) Oih. Prov. 182. Dim. corriente en la Nav. m edieval G archot.

Genduli, G endule Centol, C éntulo: «CENTULLUS, n om fort com m u n dans la région gasconne, o ù il a donné très régulière­

m en t C entod (quelquefois C entul, C en tu lh ) est devenu en bas­

que G endul (plus rarem ent G entul)> (Luch.). A los ejem plos navarros p o r él citados (G uendule, G uenduleiz, G uenduliz, G en- tuiiz) puede añadirse, por ejem plo, K endulli Cardeña VII, año 964, casal, de Gendulli CSM 48, año 952. C om o ya vio Luch., de aquí procede el nom bre de G uendulain, población navarra.

G erazi, G arazi E n gracia: Andra G erazi en un refrán reco­

gido por G. B áhr E uskera 8, 100 y 104, en A taun y Legazpia- Dim. C haxi V. Lersundi. Top. S an ta-G a(r)azi (y Santa-Grazi) Ste.-E ngráce en la Soule (L h an de); según Larrasquet, «les a u tochtones disen t: Santazi>, lo que supone S a n ia (r)a zi de Santagarazi.

G ilen, Gilam u Guillén,, G uillerm o: «Gilen, bihar hilen, etzi ehortziren, etzidam u ah antziren», refrán ; Gilam u Joannateguy Sainduen hizitzea (N. de O rm aechea Euskera 14, 295 n.). Lhande cita G illen y Gilamu. G uilíenea apellido navarro actual, Gui- llen ten a de Itxassou en el s. X V II, G uillentonea casa en Baz­

tán (N av.), etc.

Ilia Elias: top. actual Sandalli (Sandelli F- Segura apud Azkue) o Santelli cueva de S. Elias en Oñate. En el Dr. Puerto de H ernani (Floranes 242-243) Sanda iU(a) (activo Sanda iliac, aiativo sanda ílira) «la Cueba de Santa Ib ia », és decir, «de Santa Ilia>.

Jakolye, Jakue Jacobo, San tiago: «sanctum la co b u m uocant Jaona d om n e Jacwe» G uía del peregrino de Santiago (s. X II), Jacue hichia, Jacue dorbaiz, etc. R olde 1366, iondone la cu e Apos­

to lu s Axular 252; Isasti 472 llam a Jacue de Astigar a la m ism a persona a quien en 213 llam a Jacobo (ms. Jacohe). Jacue apelli­

do corriente en Nav. lo n d o n é la k h u b é Apostoliac (a ctivo), loan - doné iakh u bec (id.) T artas 27 y 170, Jaun Done Jakohe Duv.

Leiç. y H araneder dicen laques, Etchahun Sen Jakan «en San­

tiago (d e C om postela)».

(12)

Joane,{5), J oa n i(s), Joaniz J u a n : lo a n n es Leigarraga Beras- coízcoac «lea n de Liçarrague de B riscous», lo a n n es Baptista, loa n n es Theologianoa en el m ism o au tor; h a y un núm ero ilimir tado de ejem plos en los siglos X V I y X V II. Bet- I(o )a n d o n e a n ez Baptistea, Cap. la n d on ea n ez B atistea, VJ la n d on ean es B autistea, ''c a p . lan d on ean ez Euangelistea, m od. Yandonis en M eñaca, AEF 4, 115, pero D on ea n eco (c f. gallego S eoan e) RS 254 y 280

«de (la fiesta de) San J u a n », D oniane-aundi y -tx ik i caseríos de D eva en el lím ite dialectal. «A San Juan Bautista, Jaun done Juanis Baptista'» Isasti 166 (s e g ú n 'e l m s.), Joanis n om bre de un labortano en M oguel 163; dim . G an ix ( c f. lab. gan «ir» < jo a n ), G annis de Sale R IE V 3, 736 (T erran ova, 1676). M ientras en lab.

y b.-nav. el nom bre de persona tiene -s, n o lo lleva en sul. y vizc. : Ioa n d on é lo h a n é B aptista Tartas 178, Jondane J oh an ec (a ctiv o ) B elapeyre Catechim a laturra (P auven 1696), sul- m od. Joháne, Joháñe (Larrasquet señala, adem ás, J u a n és), vizc. J oane X au n a

= D o n Juan M ic. (todavía Y oa n e en las fábulas Moguel*-Zabala);

ésta debe ser la razón del apodo que los suletinos dan a b a jo- navarros y labortan os: M anex, fem . M anexina. El nom bre del santo, por el con trario, es asigm ático en la bortan o: Io n D on e J oh áñ e (Larrasquet señala, adem ás, Juanés), vizc. J oan e X au n a n e s ), la u n doni la u n i N oelac (sic, varias veces). T am bién en top on im ia : D one Juane «St. Jean de L uz», D on e Juane G araci S. Pouv. Aunque Araquistain señala co m o navarro (o guipuzcoa­

n o) D on e Joan e «San J u a n », tenem os en Nav. Ioa n d on é loan is B autista Ber., Jaun done Joaniz B autista Eleiz., top. D onianiz g ra n ja en Oloriz, valle de Orba. Fem. J oan a: Joanna A tórete

«lea n n e d ’A lbret» Leiç., lo a n a Oih- P oesías 33 y 35; en Guip.

Joaniza V. Lersundi. D erivados: J oan lcote, Joan icoïi cantar de la quem a de M ondragón, RIEV 3, 118 s., Joaneeho, Joango (cf, el apellido navarro actual Juan eo) Isasti 435 y 4'J3; con palatali­

zación Choan (fem . C hoana), C hango V. Lersundi.

Jurgi Jorge: «San Jurgi, artuak ereiteko goizegi; San Mar*- kos, artuak ereinda b a legoz», refrá n de Elgóibar, top. San Jurgi caserío de O ñate llam ado así por la antigua erm ita de S. Jorge, h o y desaparecida, AEF 4, 97 y 14, 35 n.® 212. Tiene, al parecer, una variante, San Jurtzi, que se puede com parar co n el top.

san t turcegi Arigita, C olección de d ocu m en tos inéditos para la Historia de Navarra 371, añ o 1359, actual Satrustegui.

Laurendi, L aurenti L oren zo: Jon d on e Laurendi H arizm endi, Jaun done L aurenti «Señor sanct L oren ço» Gar. Ce. 79 L i (Jaun

(13)

Santi L aurenti G- 139, 6). Azkue s.u. hillindi cita, com o roncalés de V idangoz, Santo Laurendi, y s.u. san, Santo L aurenti que es 3 a form a esperada en roncalés. En el m ism o refrán, Y on d on e Laurendi V inson Le Folkrlore du Pays Basque 303. L hande cita, adem ás, L au ren tx «Lorenzo» y Azkue, com o guip. y vizc., San L unte, que es m ás bien Salluentie AEF 14, 20, n.® 79; en Vizcaya

(M eñ aca), Santillandi, erm ita de S. Lorenzo AEF 4, 116.

M aria M aría: «Dei genitricem uocant Andrea M aria» Guía del peregr., a. vizc. andra done m aria Virginea BRSVAP 4, 298 s., A n d ran e M aría Birginea Bet., A ndrane Mari v eti virginea, an- drane Mari Virgínea Cap., (VJ Virgine Marie S antissim ea), A n- drana Maria Lope de Vega Loa en lengua vizcaína, A ndredona M aria Dech., Andre doña Maria Ber- Eleiz., sul. A n d (e )r e dona Maria, «á nuestra Señora Santa María, Andre done M aria» Isas­

ti 166, A n d re dena Maria Noelac, D ’Argaignaratz, S. Pouv., etc.

Top. D onam aria Nav. En Guip. se em pleé el nom bre de Mariza. En R olde 1366 aparece un dim. M arico (la candellera) c o n el suf. -fco usual en nom bres de varón (O saco, Peruco, Vitaco, etc.) y V. Ler­

sundi señala la existencia de Chariaco en Vergara, añ o 1516, n om bre de una niña que de m ayor se llam ó D.^ M aría: c f. en la m ism a fam ilia Charin y Charingo, de m ayor D.* M arina (M a­

rin a Arragola co Gar.). Mari se em plea com o una especie de p r e fijo para convertir un nom bre en fem en in o: Mari M artín de Olaiz Isasti, 214-

M artie M artín : M artie dendaz R olde 1366, «á San M artín, Jaun done M artie» Isasti 166, Iondone M arthiec (act.) Axu­

lar 266 (en la pág. siguiente, sin Iondone, dos veces M art^nec), top. M artiegunea en el Baztán, P ’ eito 1748; V. Lersundi encuen­

tra tam bién M artie en Guip. en el s. XVI. D onam arthiri es el n om bre vasco de St. M artín d’Arberoue (B.-Nav.), cu yo elem ento fin al puede m uy bien ser hiri «villa», aunque según L hande Hi- ribarren da D ona M arthiri com o equivalente a « (fie s ta de) San M artín ». Oih. e n sus notas a S. Pouv., RIEV 4, 231, escribe Jon- d on e m a rth ia rj oloac pagazea, cf. a. gasc- sentm artiau m en t, sen m artiaum ens «pagar» por S. M artín », y p o r raro que parezca al fin a l -ari es lo que se lee en el ms. D im .: M achin de Sant E steu en Pam pl. 1350, M achín de lanz. M achín daraiz R olde 1366, M achín R S 160, Gar. G. 139, 47; M achico (c f. ap. M ach icoren a), M a ch icote (c o n doble su fijo, com o Juangote B e la tec h e jurado de E luetea Pleito 1748, P eru ch o te; Bienandangas e Fortunas, etc.);

M artin go garaycoa R olde 1366, M artico Rolde 1366, M artico de

(14)

Cuiyirrieto (Errazu) Pleito 1748, M articot. de R ivera (Fuenterra- bía) Isasti 460; M artich o E rrem entarico Leiza 1530. C on palatar lización de la inicial, C hartin V. Lersundi.

M eteri Em eterio: M eteri ( c t Valb. 188 y 189, año 1107, 'S a io n M eteri) Iranzu, donde aparece tam bién la form a rom an­

ceada M ederi «en Piedra m ey liera ». D on e Metlerij Celedón «Por San t M eterio y C eledón» R S 330- En castellan o, en un docu­

m ento de 1483, copia de 1562, RIEV 24, 658, «En la yglesia de Santem itericeledon, que es ce rca d e -la villa de Berresonaga en el con da d o e señorío de B iscaya».

M ikele, M ik (a )e l M iguel: M igúele bassoco Iranzu, M iquelle dince, M iquel doscoz R olde 1366, M iquele de A roztegu i Leiza 1530, lo a n done M iquel Ber, (Eleiz. Jaun done M iguel), «á San Miguel, Jaun done Miqueie^ Isasti 166, la n d o n e M iquel A rcan gelea Bet., la n d o n e M iquel A n gu eru e VJ (Cap., acaso por latinism o, escri­

be la n d o n e M ichael a rca n gelea), iaun doni M ïk h elecoiz «para (la fiesta) de S. M iguel» N oelac 210, b.-nav. M ikhele, lab. M ïkael, M ikelle, según Lhande, T op. Juan de nem iquel G ondoa, Juan a e nem iquel aldapa, s- X V II, alrededores de Pam plona. El ap.

M iqu elestoren a parece suponer un derivado: ^M ikelesto, com o M artistonia casa de Esain (Nav.) un ^M artisto. Em plean una form a rom àn ica Leiç. (M ich el A rchan gelu a) y T artas 178 (san M ichel A rch a n gelia ), que n o hay que con fu n d ir c o n el dim. vas­

co M itxel, form a do c o n el proced im ien to ordinario de palatali­

z a ción : M ich elco R olde 1366, M ich elco ferrerò Leiza 1530, etc.

Se deberá a in flu en cia gascona el nom bre M iqueo, que aparece en San Sebastián y alrededores (es tam bién apellido actu a l):

«M iqueo de Lugáriz, que es lo m ism o que M igu el», «...M a rota [en la p. 57 dice que sign ifica M a rta ] de M iram ón, que casó c o n M icheo o M iguel, señor del solar de L ugariz» Lizaso II 216 y 88.

* M n a M illá n : « ...y M illian de S an M illán, cu y a es la casa y solar de San M illán [e n C izúrquil] llam ado D on e María'» Isas­

ti 77; el paso de *Mirila a M ario es fá cil de explicar, una vez perdida la in teligencia de su valor, por in flu en cia de done Ma­

ria. Fray D iego de Ayala (a pu d F loranes 217) cita el top. D om Miliaga «San M illán» y co n l aparece el n om bre fem en in a Milia, frecu en te en docum entos m edievales navarros, que tam bién ocurre en G ar.: andra Milia Lastur co «D oña E m ilia... llam ada M ilia en esta lengua».

(15)

Onsalu G on za lo: Onsalu O nsaluch ( < *O nsaluitz) «G ongalo G on zález» Ib.-Cach., donde acaso haya que leer g en vez de s por la frecu en te con fu sión de ambas letras en el m s.; este pa*

rece ser el origen de los apellidos Onsalo, Unsalu, En el cantar de la quem a de M ondragón, que procede tam bién de Ib.-Cach-, dice, sin em bargo, Gomig Gongaleg (G om ig está repetido en caso a ctivo: G om igec).

Orti Fortuno, F ortú n : Orti Zuria de Lizassoain Leire, 1085 (Luch.), Orti en eeoyz, Orti goycoa, Orti m oga, Orti ona, etc.

Iranzu. Patr. O rtiz: Saneho ortiz et Jaun g a rd a ortiz de arru- gubi A rigita R IE V 3, 65 n. 2, h acia 1152. La oriundez vasca, en sentido geográ fico, de Orti, Ortiz, fué ya sostenida por M. Alvar («M á s sobre pérdida de / - in icial», 11), afirm ando, sin discutir la etim ología generalm ente aceptada, Fortis, que proceden «de alguna región vasca». En cuanto a la etim ología, partiendo de Fortis, h a y dificu ltades tanto para explicar la vacilación del acen to (M enéndez Pidal, O rígenes 211 s.) com o para dar cuenta de la -i fin al, dificultades que n o existen si se piensa en una evolución de F o rtu n i(i). Con los datos del Cart. de Pedro T se puede decir que el señor que figura en estos docum entos tantas veces, cuyo nom bre aparece escrito Fortí Hortíz y F orti Ortiz en escrituras originales de 1098 y 1110 (núms. 51 y 85), es con toda probabilidad el m ism o que es llam ado Fortunio F ortiz en dos docu m en tos con ocid os sólo por copias posteriores, del año 1096 (núm s. 24 y 25). ¿Se puede aducir el testim onio del nom ­ bre F ortui B on ez, cita do por Alvar, El dialecto aragonés 83, año 1134, sin in dica ción de procedencia? Si no se trata de una errata, apoyaría claram ente la etim ología que aquí se propone-

La etim ología F ortis fu é ya propuesta por Luch. para el nom bre vasco B orte que aparece « n Francia en el s. X II, y que puede m u y bien no ser otra cosa que una variante de O rti:

cf. horm a e n Oih. fren té al m ás general orm a< lat. form a, etc.

En -el diccion a rio ms. de S. Pouv. h a y una anotación interior que parece se h a de leer Jondone B orthitz, porque, aunque fa lta el rasgo vertica l de la h, va entre borth itztea «rendre o u deuenir fort» y hortz « c in q » : desgraciadam ente fa lta la traducción.

Parai, *P erai P elayo: top. Donaparai (sin duda de *P erai) Aberásturi (A lava), (D o)n ep€ ri erm ita de S. Pelayo en Berm eo (Vizc.), D onaperi (señalado com o dudoso por Eleizalde: ¿en qué sentido?) top. de A dana (Al.), que podría proceder tam bién de

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Perì «P edro». L a villa de S t-P a la is, actualm ente D onaphaleu (sul. D o n a p h a lé(g )ü ) es llam ada Donapalaio por Axular (p. 6) y S. Pouv., añadiéndole p o r error el artículo, escribe Donapala- y o a : ésta es', sin duda, una form a m ás reciente.

Paulo P a b lo: (lo a n d o n e P etri eta ) Paulo Ber. (Eleiz. S. Pau­

lo ), iondone Paulo Axular, íu an San Paulo (Bet. y Cap. San Pablo) VP, Jaun D on e Paulo Duv. Se trata de un a form a com ­ parativam ente reciente, co m o in dica la m ism a sustitución de D on e por San en a. vizc. (c f. Andra Santa A na VJ). Leiç- escri­

be Paul y Tartas 178 lo á d o n é Paulé.

P resebai Perceval, en am bas versiones de la quem a de M on­

dragón, RIEV 3, 118-119. Lope G arcía de Salazar escribía, al parecer, P ersibal

R om ae R om á n ; « ...la yglesia y herm yta del señor San t R o- líian dyze en basquençe Javn R om ae» Ib.-Cach. La r podría deberse a la posición n o inicial, pero en el m ism o ms. aparece R om iroeh (¿dim , o patr.?) en un texto vasco. Guip. m od.

Errom an.

Salbatore S a lva dor: Salvatore (en Arre) R olde 1366- En vascu en ce actual Salbatore es la fiesta de la Ascensión.

Sanduru, Santuru San tos; Sanduru (en P am plona) R olde 1366; «á la fiesta de todos los Santos D o n e Santuru [m s, Saniu- rw] : porque done en bascuence quiere decir sa n to», Ysasti. Santu- TU aparece co n frecu en cia en textos castellanos de los siglos X V I y X V II (p. e j. Santuru de v e n g o e c h e a , vezin o de D eustua J. de Luzuriaga Paraninfo celeste, 1690, 8), y los representantes de crrmium Sanctorum^ co n la inicial generalm ente m od ifica d a por in flu en cia de done (D om un-Santuru, Dom uru-Santuru, Do- m e-S antore, Umia-Saindu, etc.) son populares h o y para designar la fiesta de T odos los Santos. A este n om bre se le puede aplicar lo que V. Lersundi dice respecto a R am us (R am us de Irura Isas­

ti 650, en Lezo), Gabxm Ut. «Ñ ochebuena» : se aplicaban verosi­

m ilm ente a quienes n a cía n en el día de la fiesta correspondiente.

Sanso S a n ch o (v. A n s o ): «SANCIUS, nom aquitain et his­

panique, est devenu en basque Sanso» (Luch.). Patr. Sansoiz.

T am bién señaló Luch- en ese artículo que de este an tropòn im o

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procede el nom bre de población navarro Sansoain (doc. San- soaing, etc.): una de las que llevaron ese nom bre es ahora Ansoain, cen dea y pueblo. Para la asim ilación de las silbantes, c f. vasc. solas c^olaz, sasoi(n ) <sazón , s in (h )e ts i «creíd o» (to­

davía en D ech. çin h este) de zin «ju ra m en to», esétsi «acom etido, argüido» de ez « n o », etc. C on asim ilación, M arisants en el ca r­

ia r de Berterretche, lab. m od. Santsin, B etiri Sants ( —Pedro Sanz) e ^ e c i e de person ificación burlesca del ham bre. Los tex­

tos antiguos conservan la grafía etim ológica en casos com o Francesa, F ran cesez Leiç., fra n cesez Axular y el nom bre de San F ran cisco (San F rancessen, Frances X a b ier N oelac 228 y 236;

San F ran cesen , D evocin o escuarra; San Francesen D ’Argaigna- rantz 205; San Frances de Sales S. Pouv.; S. F rances Salescoa H araneder P hilotea, etc.), cu an do en lab. m od. se dice fran tses, fran tsesezj San Frantses, Dim. C hancho Libro parroquial de Cildoz, 1659.

Satordi, Saturdi S aturnino: «San Saturnino (erm ita en Zal- dibia). V ulgarm ente se denom ina Saturdi, y con este nom bre se designa tam bién un caserío que hay ju n to a la erm ita», A. de Irigoyen, AEF 14, 80, n.“ 552; lau n done S a tord i= S a n Cernin en Pam plona, A. Irigaray RIEV 24, 317. S. Pouv. escribe «Ç athor- dina S. Sernin».

Sem ero Jim en o: Jaun Sem ero de Gorriz 1109, Sem ero Be~

rascoiz s. X I, Leire (L uch.), etc- Patr. Sem eroiz ( <Sem enonis?) ; D om pna sem ena sem eroyg Arigita RIEV 5, 65 n. 3, después de 1150. Junto a Sem ero, co n disim ilación de nasalidad análoga a la de vasc. a rim a< anim a (donde r puede ser secundaria y pro­

ceden te de Z intervocálica), hay X em en , etc. A parece un deriva­

do, S em erote, en Iranzu.

Sist S ixto: a yta sátu sist laugarrenaré aprohadua «aproba­

do del (sic) pa p a Sixto IV » Vizcaya, principios del siglo xvi, Fr. I. O m aechevarría BRSVAP 4, 298-299. La term in ación de

«S. Justo» es distinta, al m enos en topon im ia: D onaisti, D on axti St.-Just (B.-Nav.), cf. Valb. 98 saion don lu ste ( < I u s t i ) año 1078-

Sostie (o Sastie7) Sebastián: «á San Sebastián, Jaun done Sostie [ms. Sasíze]. A dvirtió esto G aribai sobre la villa de San Sebastián, diciendo que se llam a D onostie>. L a ciudad, sin em­

bargo, parece haberse llam ado D onostia en esa época, a juzgar

(18)

por todos los testim onios. Es u n o de los casos en que el n om bre del santo y el de p ob la ción basado sobre él difieren, S ostie su­

pon e Sebastiane o *Sabastiane (d e -ianu era de esperar -io : c í., entre otros, O txandio O ch an dian o, Zipirio top. de T olosa,

^ proced ente de una erm ita dedicada a S. Cipriano) y D on ostia parece postular Sebastiani o Sabastiani. L a evolu ción pudo ha­

ber sido *D on asa (b )u stiai, ^D onasastia, ^Donasíia» D onostia.

Para la pérd id a disim ilatoria de la prim era silbante se pod ría com parar Plencia, (V izc.), pop- P laentxia (G uip.) de P lacencia, Caicedo (Al.) en 1025 Cassizedo, sálazar (Nav.), vasc. Zaraitzu^

en docum entos m edievales S arassaz(u ), Saresazo, etc. V. Ler^

sundi señala en Guip., en el siglo X V I, el nom bre Saustin o S ostin (fem . Saustiza o Sostiza) que por la form a parece equi­

valente a Sebastián. El top. D onostia tiene tam bién u n a va­

riante, D onostiñ, en O ch an dian o, según Azkue.

T xerran Dim. de H e rn a n (d o ): C h e n a n de Gam boa, m uer­

to en 1440 en una pelea de banderizos ce rca de B ilbao, etc. Se em plea actu alm en te en una zona del dialecto vizcaíno con pe­

n etra ción en la de habla guipuzcoana, en dos form as, txerran , tx erren , «co m o nom bre propio del diablo» (Azkue). Casos pare­

cid o s son M atxingorri (lit. «M artinito e l r o jo » ) «palabra em plea­

da para el diablo en el G oyerri «gu ipu zcoa n o», J. G árate Prin- cipe de Vïana 13, 222, e (in p ern u k o) P atxi lit. «P aco (e l del in­

fie rn o )», etc.

T xord on Dim. de O rd oñ o: Ausso C hordon arz orri «T en H ordoño a esse Osso» R S 422. Se antepon e tx - a la in icial vocá­

lica com o en el ejem p lo anterior o en C handres V. Lersundi (m al interpretado por Azkue com o «José A n d rés»), C hanton V. Lersundi, C onde de P eñ aflorida El borracho burlado y actual, etcétera.

Txorgorii G regorio, nom bre del p erson a je guipuzcoano de Peru A barca de Moguel. A com parar co n G erg o ri: «a la torre de San G regorio de Iruña se llam aba de D on e Gergori^,

Zekodin, Z ekudin S ecu n d in o: «Ce n om propre, d’origin e la­

tine, a dû être à la m ode chez les Ibéro-A quitains, ca r on le ren con tre souvent dans les in scriptions de la région pyrénéenne.

Les Basques se le sont approprié». Cita de Luch. quien m en cio­

n a , tom ándolas de docum entos navarros, las variantes C ech o- din, Zecodin, Zecudin, Cicudin y el patr. Zecudiniz.

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¿Cuándo han dejado de ser usuales estos nom bres? No se puede, com o es natural, dar fe ch a s generales, puesto que algu­

nos de ellos viven actualm ente en ciertas zonas del país e in­

cluso se observa desde h ace algunos añ os la tendencia a em plear otros en la literatura, com o puede verse, por ejem plo, e n la ob ra de N icolás de O rm aechea. Nos contentarem os, pues, c o n rese­

ñ a r algunos datos co n que hem os tropezado en el curso de nues­

tra indagación.

La docu m en tación de V alle Lersundi, guipuzcoana en lo fu n ­ dam ental, n o pasa del siglo X V I, y él m ism o señala de m anera expresa que la palatalización en la form a ción de dim inutivos desapareció «com o costum bre general... en A zcoitia, G uetaria y V ergara a m ediados del siglo X V I». Pero esto sólo sign ifica que tales nom bres dejaron de anotarse en libros parroquiales y docum entos análogos por esas fe ch a s y n o que desaparecieran del uso, puesto que bastantes de ellos, y n o solam ente Chorríin, co m o dice por inadvertencia, siguen vivos en nuestros días com o form a s populares- Esta fe ch a n o vale, por otra parte, para el país de L abort, donde nom bres com o B etri seguían usándose en dociunentos, por lo m enos e n el siglo X V II, com o puede com ­ probarse co n leer lo que J. V inson dice de la fam ilia de Pierre d ’Urte en su Essai d’une bibliographie de la langue basque.

Para V izcaya tenem os una in dicación im portante de M oguel en su P erú A barca (p. 163, ya citada), escrito h acia 1800. Al oír que Perú llam a Joanis al labortano, el barbero M aisu Juan e x ­ clam a extrañ ado: «Cer da Joanis?i> «¿Q ué es J oa n is?», lo que sirve a P erú p ara darle u n a nueva lección en la len gu a: Joanis esa ten deutsee p ra n ces euscaldunac Juan ed o Juanico esa ten deutsagunari, celan P etri Pedrori, ta E stebe Estebani. Quiputzari esan deutsat C horgori G reg o rijo esateco. «Llam an Joanis los vascos franceses al que nosotros llam am os Juan o Juanico, com o Petri a Pedro y Estebe a Esteban. He llam ado C horgori al gui­

pu zcoan o p ara decir G regorio». Sin em bargo, la variante vizcaí­

n a del nom bre que tan raro parecía al barbero, Joane, debía se­

guir viva en aquel tiem po, pues M oguel es, al parecer, el autor de la fábu la pu blicada entre las de Zabala, en que u n o de los person ajes es Y oa n e necazalea, «Juan el labrador».

Los nombres vascos de santos constituyen, ya en los prim eros textos literarios, u n grupo cerrado, con todas las señas de ar­

caísm os en vías de desaparición. Lo que caracteriza al g r u í»

com o fósil es el h e ch o de que su em pleo es en m u ch os casos in ­ separable del p r e fijo Jaundone, Jondone, etc. A si Axular, qu e

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llam a siempre a S. Pedro lo n d o n e Fetri, llam a PierTes Dam iano a (San) Pedro D am iano y, de u n a m an era m ás cla ra , si dice lo n d o n e M arthie en la p. 226, se refiere dos veces en la siguiente al m ism o (San) M artín, ya sin el título, com o M artin, lo cual no es una errata, pues se repite exactam ente en la 2^ edición. En fe ch a m ás reciente, Duvoisin,- que en el encabezam iento de la 1.=^ epístola de S- Pedro escribe Jaun D on e P etri, em pieza por P ierres la tra du cción de la misma. Puede observarse tam bién el con traste de a, vizc. Ia(u)ndon& PeTi(a), arcaico en sus dos ele­

m entos, c o n Juan San Paulo, San Pablo, donde la m odernidad del n om bre va unida al em pleo de San. No es im probable, por otra parte, que algunos nom bres vizcaínos h a y a n conseguido llegar a nuestro con ocim iento gracias tan sólo al ca rá cter de fórm u la tradicional de una ora ción com o el C on fiteor.

Un rasgo que m erece señalarse en los nom bres pertenecientes al estrato m ás an tiguo es que, aparentem ente, p roced en del ge­

n itiv o latino. A un cu an do se considerasen dudosos ca sos com o B iken ti, L aurenti o M eteri suponiendo que tras i pudo haberse perdido una fin a l vocálica, B e t(i)r i (P e t(i)7 i) es un ejem p lo se­

guro. Este debe ponerse en relación co n el h ech o, señalado por J. B astardas Parera, Particularidades sin tácticas del latín m e- dieval 31, n., de que aparezcan nom bres en genitivo, fu era de la topon im ia, en docum entos m edievales españoles. La on om á s­

tica vasca con firm a su presu nción de que tal práctica respondía a una realidad en el len gu aje hablado.

Estando co m o estaban estos nom bres ín tim am ente ligados a la vida religiosa, se com pren d e que su desaparición acaso haya sido acelerada p o r eclesiásticos in clinados a pensar que h a y una estrecha relación entre la u nidad de la n om en clatu ra y la uni­

dad en el dogm a. Como ejem plo aclaratorio, distinto pero no inconexo, se pod ría cita r la pin toresca prohibición, sin indica­

ción de m otivos, de la palabra agur en un catecism o sruipuzcoa^*

n o el añ o 1864, y la orden del m ism o prelado de sustituirla por ave, co m o si el em pleo de u n a palabra de igual sentido, proce­

dente, adem ás, de la m ism a lengua, pusiera en peligro la unidad de la fe (5). C onviene señalar a este respecto que los nom bres vascos de los santos y a no aparecen en los grandes predicadores y escritores guipuzcoanos del siglo X V III, com o M endiburu y Cardaveraz.

Querem os m anifestar, antes de term inar, nuestro anhelo de

( 5 ) J. de Urqui-jo, “ P roh ib ición de la p a la b ra a j'u r en un ca tecism o g u i- p u zcoa n o” RíEV 25, 525 s.

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que los estudios vascos m archen en el futuro, y n o solam ente en lo referente a la on om ástica, en la m ás estrecha colaboración co n las disciplinas que estudian cam pos vecinos, relacionados co n el vasco p o r un intercam bio secular, seríam os los últim os en negar los inmensos servicios que la vascología ha recibido de la rom anistica — basta citar com o testigo el nom bre de Schu- ch a rd t— y esperamos que éstos continuarán en el fu tu ro; cre a ­ m os, por otra parte, que los resultados de nuestros estudios pueden ser de interés, siquiera sea en aspectos m arginales, para la solución de problem as que tiene planteados la lingüística y la dialectología rom ánica-

D onde la colaboración puede rendir los m ejores fru tos es precisam ente en territorio navarro. D ada la riqueza docum ental de esa región navarra, que sólo en pequeña parte se h a h ech o accesible a los que nos ocupam os de cuestiones lingüisticas, el progreso en el estudio h istórico de la lengua vasca depende en gran m edida de su utilización : bien es verdad, todo hay que decirlo, que no n os hem os ocupado suficientem ente de lo ya publicado. Creem os haberlo demostrado en estas lineas en lo relativo a la on om ástica personal, pues a pesar de que sólo de u na m anera que n o llega a fragm entaria hem os aprovechado m ateriales navarros, éstos constituyen una parte considerable de los datos de nuestro trabajo. La historia lingüística de Nava­

rra n os es suficientem ente co n o cid a por testim onios directos e indirectos de cu y a certeza no cabe abrigar ninguna duda para que n os dejem os engañar por las apariencias del lenguaje usado con exclusividad en los docum entos oficiales y privados y por el m apa lingüístico actual. Y si el «ferm ento vasco» ha podido parecer «puram ente presencial e inoperante» a F. Indurain en u n texto ju ríd ico co m o el Fuero G eneral de Navarra (6), está m uy lejos de n o haberse m anifestado de la m anera m ás evidente no sólo en la toponim ia, sino tam bién en la antropom ia. Posi­

blem ente, si m iram os bien, podrem os en con trar tam bién rastros de su actividad en otros órdenes de fen óm en os lingüísticos.

Y este m e jo r con ocim ien to n o podría m enos de ser de la m ayor utilidad para rom anistas y vascólogos.

( 6 ) F ra n cis co Indurain, ContrüHición al estu dio (fel d ia lecto n avarro- a ra g on és a n tig u o (Z a r a g o z a , 1 9 4 5 ), 9 1 -9 2 .

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