Censuras y elogios de los Amigos del País
Por J, IGNACIO TELLECHEA IDIGORAS
C on el deseo d e contribuir al mejor conocim iento de lo que fu e la Real Sociedad V ascongada de Amigos del País sin caer en los obliga
dos elogios o e n la repetición d e cosas ya sabidas, aporto en este tra
bajo dos docum entos n o conocidos e n los q u e se reflejan las opinio
nes q u e sobre la Sociedad surgieron poco después d e su nacimiento.
S) e n el título del trabajo las censuras anteceden a los eloéios, se debe a rigurosos imperativos d e cronología de documentos.
La Inquisición y los <Extractos> de la Junta de 1776
El Sem inario M etropolitano d e Zaragoza conserva en su Bibliote
c a un o s volum inosos manuscritos, procedentes del calificador Fray T o
m ás M uñoz. El título exacto d e este m anuscrito es Collección de varias calificaciones presentadas en el S. O ficio de la Inquisición de Corte y Suprem o Consejo de la Santa General Inquisición de España, por el P Fray Thom ás M u ñ o z, M ínim o, su calificador. En el convento de N . Sra. de la Victoria, de la Villa de Madrid» (Armario 13, tabla a). En las pp. 713-716 nos encontram os co n u n inform e, fechado en M adrid el 14 de m ayo d e 1779, directam ente referente a nuestro asunto.
En efecto, p o r su introducción nos enteram os del dossier comple
to q u e utilizó el P. M uñoz: el artículo XI, titulado Miscelánea, d e los Extractos de las Juntas G enerales de la R.S.B. d e los Amigos del País ce
lebrada e n V ergara e n 1776; u n a censura privada sobre el mismo; u n;;>
A dvertencia o n o ta aclaratoria publicada e n los Extractos de 1777? u n a carta relacionada co n el tem a suscrita p o r fra y A ntonio R oque Góm ez del Casal, el 6 d e junio de 1778? u n a delación form al, au n q u e an ó n i
ma, del artículo, de la A dvertencia y de esta últim a carta.
Para e n trar e n materia, diremos que el artículo en cuestión trataba sobre el lujo. El tema se prestaba en aquella época a encendidas contro-
versias. En m om entos de liberalismo económ ico el lujo se transform aba fácilm ente e n índice de vitalidad y prosperidad, en fu en te de trabajo y en estímulo de actividades industriales y artesanas. Sus ventajas y des
ventajas ofrecen cam po a la polém ica y n o faltan argum entos a sus p a
negiristas y detractores. La batalla se transform a en u n a logom aquia, por n o precisar exactam ente el concepto mismo de lujo. El aragonés Ignacio d t Asso, que figura con h o n o r en el repertorio de los economistas de aquellos años, define el lujo así: «Luxo ha sido y será siem pre todo lo qu e no conduce p ara vivir cóm odam ente en el estado social». Tal d e
fin ició n prejuzga en buena parte el enjuiciam iento del lujo: así n o es extraño que Asso dedique varias páginas a los perjuicios del lujo, se alarm e ante el crecim iento del mismo e n los últim os años. Los perjui
cios del lujo consisten en que los gastos exceden la riqueza nacional, produce aversión al trabajo, excita la van id ad y estos males se extien
d en a las clases inferiores del pueblo. M ientras los panegiristas encare
cen su utilidad para la industria nacional, otros se lam entan de la im- posibihdad de detener la carrera del lujo (1).
M ás próxim o a nuestro asunto, e n 1784, Lorenzo N orm ante, pro
fesor d e econom ía política de la Sociedad A ragonesa, d e Zaragoza, su
fría los ataques d e algunos clérigos desde el pùlpito; apoyados p o r el célebre m isionero capuchino. Beato D iego losé de Cádiz, llegaron a de
n u n ciar ante la Inquisición las doctrinas económ icas de N orm ante, c o n cretam ente sus ideas sobre la utilidad del lujo (2).
Estos dos incidentes, casi contem poráneos, nos ay u d an a situam os ante el problem a: Se e n fren tan dos mentalidades, u n a m ercantilista h- beral, atenta a las leyes del m ercado y la creatividad industrial lucra
tiva; otra, teñida d e color m ás social y m oral. La prim era era favorable al lujo, m ientras la segunda era adversa. En ese contexto h ay q u e ins-
(1) Historia de la economía política de Aragón, por D. Ignacio de Asso (Zaragoza, 1798), pp. 353-8. La definición del lujo en la p. 356. La obra h a sido reeditada en Zaragoza en 1947 por la Estación de Estudios Pirenaicos, con un prólogo del Prof. D. José María Casas Torres. Reconocido el gran ta
lento de Asso, el prologuista subraya la violencia con que repudia el lujo co
mo factor empobrecedor, llamándolo “enfermedad política”. El no moral da
do al lujo, podía obedecer también al utilitarismo del economista y a su re
cio ascetismo temperamental. Véase una reseña de esta obra en la revista
“Híspanla” 7 (¡1947) 687.
(2) Richard Herr, España y la Revolución del siglo XVIII. Trad. E. Fer
nández Mei (Madrid 1964), p. 132 y 134. José Alvarez Junco, La Sociedad Aragonesa de Amigos del País en el siglo X V III, en “Revista de Occidente”
VI (1968) 301-319.
cribir el artículo dedicado al lujo en los Extractos de la R.S.B. (3). Su autor, cuyo nom bre n o podem os precisar, se rebela contra los que de
clam an contra el lujo, haciéndolo hijo de la corrupción de costumbres, causa del em pobrecim iento d e familias opulentas y ru in a de los más florecientes imperios; p o r el contrario, quiere presentar las ventajas del lujo. Su concepto del lujo, fuertem ente individuahsta, parece ceñirse ai ám bito del disfrute delicado de la existencia, prescindiendo del even
tual b u en o mal uso d e sus bienes. Protestaba contra los «atrabiliarios declamadores* contra el lujo, aunque en la citada Advertencia de 1777 puntualizase q u e quería designar a los autores políticos que trataban de la ru in a del im perio persa y rom ano atribuyéndola al lujo, y no a pre
lados ni predicadores (4).
Fray Tomás M uñoz, quien intervino u n poco antes como califica
d o r en el célebre proceso de Pablo de O lavide (5), muestra en su ca
lificación u n enorm e buen sentido. A través de él podem os barruntar en qué dirección iban los tiros del anónim o denunciante. Ya de entra
da, y tras u n a atenta lectura del dossier, resta gravedad al asunto y lo considera im propio para em barazar la atención de la Inquisición; al mis
m o tiem po califica de «prolijo examen» el que realizara el den u n cian te. Pasa después a em itir dictam en sobre cada u n a de las piezas some
tidas a censura.
Sobre el artículo d e los Extractos, hace las siguientes consideracio
nes. El articulista cree q u e el lujo es útil al Estado y n o perjudicial. D e
fin e el lujo en térm inos m uy generales, adaptables lo mismo al lujo m o
derado y perm itido q u e al excesivo y prohibido. El lujo, según él, nace en cuanto el hom bre ab an d o n a la rudeza de la caza y pesca y se aco m oda a la agricultura. C ondena a los que creen que el lujo fu e la ruina de los imperios y llama «declamadores atrabiliarios» a los que son de esa opinión. Tras estas puntualizaciones, el censor desciende a las co n diciones personales del articulista, envolviéndole al fin, en u n elogio, ex
tensivo a toda la R.S.B.: si el au to r fuese desconocido o de religión co
rrom pida, podría pensarse q u e defiende el lujo excesivo, que efecti
vam ente corrom pe las costumbres y arruina al Estado y a las familias;
pero «siendo adoptado p o r u n cuerpo verdaderamente respetable y ca
tólico, es acreedor a q u e se le d é u n sano sentido, si le tiene». P o r lo (3) Extractos de las Juntas Generales celebradas por la R. S. B. de los Amigos del País en la villa de Vergara por septiembre de 1776 (Vitoria 1776). El artículo incriminado sobre el lujo se encuentra en las pp. 69-74.
(4) El texto de la citada Advertencia lo cita enteramente Fray Tomás Muñoz; nos remitimos a él, sin repetirlo. Cfr, Apéndice.
(5) Cfr. M. Defomeaux, Pablo de Olavide, ou VAfrancesado i.1725‘1803), (París 1959), p. 352, nota 2.
demás, la ilusíración y A dvertencia im presa disipan, a juicio del cen sor, todo escrúpulo.
La segunda pieza analizada, la denuncia anónim a, es som etida íi censura p o r Fr. Tomás. P or su respuesta sabemos q u e fu e presentada a la misma R.S.B., y provocó la aparición d e la A dvertencia. En ésta, adem ás de la puntualización antes indicada, hacen profesión d e fe y sinceridad, confiesan q u e no tuvieron el m enor em peño en sostener doctrinas contrarias a la fe y a u n se m uestran dispuestos, au n q u e lo es
tim an imposible d ad a su difusión, a recoger los ejemplares q u e a milla
res se h a n distribuido p o r to d a España. Los tres puntos fundam entales d e la denuncia aparecen co n claridad: n o se defin e co n claridad el lu jo, del q u e se habla; se llama «declam adores atrabiliarios» a los San
tos Padres (?) y demás que h an clam ado contra él; p o r fin , se estim a contrario a la Teología y la Escritura el afirm ar q u e hom bre m ovido de su sensibilidad natural, empezó a desenvolver el trastornado caos d e su entendim iento.
Fray Tomás, q u e reconoce los escrúpulos y el b u en celo del d e
nunciante, cree q u e n o se hizo cargo del recto sentido del articulista y d e las buenas intenciones d e la Real Sociedad Bascongada. Tales in ten ciones están claras e n la A dvertencia y a u n ésta, no sólo se contenta c o n satisfacer a los reparos hechos, sino v á m ás allá, a retractar todo el artículo impreso, «siendo m u y digna de reflexión y alabanza su conclusión, reducida a u n a protesta m uy católica». La Advertencia, cu
y o texto íntegro reproduce M uñoz, disipa a su juicio to d a sospecha.
Por el resto d e la calificación, nos enteram os q u e tras u n a prim e
ra denuncia a la misma R.S.B., y la satisfacción de ésta, el delator la presentó de nuevo a la Inquisición, u n año m ás tarde. Para explicarse esta tardía y renovada reacción. Fray Tom ás M uñoz m enciona la car
ta citada de Fray A ntonio R oque Góm ez del Casal a u n m iem bro de líi R.S.B., del 6 de junio d e 1778, escrita para ser presentada a la ju n ta general del inm ediato septiembre. M uñoz supone q u e tal carta se d i
fu n d iría después de las Juntas, en octubre del m ismo año, y q u e al lle
gar a noticia del delator, se vería éste m enos h o n rad o q u e p o r la R.S.B., tratado d e anónim o, y enjuiciado co n «frases bastantem ente agrias y fuertes». El p u n d o n o r herido fu e la causa m otiva de la den u n cia pre
sentada en noviem bre a la Inquisición, con los mismos capítulos q u e la q u e presentara a la misma R.S.B.
La carta de Fray A ntonio Roque es analizada co n detención p o r M uñoz. Según él n o es digna de censura alguna, au n q u e tenga alguna
«expresión dura». Las acusaciones del denu n cian te co n tra ella son va
gas: n o expresa los pasajes q u e califica d e calum niosos p ara su perso
na, para los que en el púlpito y conferencias afe an los excesos - e n tiéndase l u j o - de los pueblos, para la N ación española, la Real Aca
dem ia y los Reales Decretos. Tam poco precisa las «expresiones escan
dalosas y fautores de las doctrinas perniciosas., y nada d e eso encuen
tra Fray Tomás M uñoz. A dem ás la carta satisface plenam ente a los tres reparos puestos al artículo: precisa el significado d e lujo, h ace justi
cia a los predicadores q u e co ndenan el lujo excesivo, en n ad a o fen d e a la nación española, habla m oderadam ente la Real Academ ia y n ad a dice d e los Reales Decretos. Tam poco encuentra en la carta n ad a o fe n sivo para la persona del denunciante, sino afirm ar que es anónim o y q u e ocultó su nom bre y su carácter. N ad a h ay d e falso e n ello. Q ui- p u d o om itir Fray A ntonio Roque algunas expresiones contrarias al denunciante, en consideración a la m oderación cristiana. M as al dirigir
las a quien ocuhó su nom bre, n o ofendió a nadie en particular. P o r su cuenta añad e M uñoz q u e tam bién pudo om itir el au to r d e la carta U cita del au to r del artículo Luxe del «Esprit de la Encyclopedie» y o tra cita de M. Hume. A m bas son m eras referencias, pero M uñoz denuncia al segundo, porque tu v o -p o r u n a especie de fanatism o la m ortificación d e los sentidos en los placeres q u e de suyo son permitidos».
En resumen, M uñoz cahfica todo el asunto d e «cuestión d e v o z y n ad a más», p u ra logom aquia. Todo depende del significado q u e se d é a la palabra lujo. El denunciante está em peñado e n q u e se trata del lujo excesivo: la R.S.B., y el au to r de la carta sostienen claram ente que se refieren al m oderado. «Es cosa dura - c o n c lu y e Fray Tomás M u
ñ o z - , que el Santo O ficio decida la cuestión y ponga significado de
term inado a aquélla voz: p o r lo que soy de sentir que, en lo q u e ex
p o n e la delación, no h ay cosa digna de censura teológica».
Q uizá n o concluyó aq u í el ataque del delator. A l m enos F ray To
m ás h ubo de redactar otra censura m ucho m ás am plia y que se encuen
tra en el m ismo códice, pp. 717-743, firm ada el 12 d e noviem bre d e 1781. N o la publicam os p o r su gran extensión, pero sí entresacarem os de ella el nom bre del denunciante: no era otro q u e el dom inico f ia y M artín de Larrayoz. ¿Censura o elogio? Lanrayoz quiso v er gigantes d o n d e M uñoz n o vio sino molinos. Am bos eran Inquisidores y pare
ce q u e las cosas no pasaron a mayores. La Inquisición m ostró co rd u ra e n el asunto, y el renom bre y hasta el catolicismo de la Real Socie
d ad Bascongada de Amigos del País quedó plasm ado e n sus escritos y com portam iento, y tam bién en la apreciación del calificador d e la O r
den de los M ínimos, fra y Tomás M uñoz.
Elogio de la R.S.B. en el <Journal de Monsieur»
de Paris (1782), a propósito de Samaniego
Así com o en el prim er caso la denuncia de Fray M artín Larrayoz fu e la ocasión d e los juicios em itidos sobre la R. Sociedad p o r Fray Tomás M uñoz, en el segundo caso fu e la presentación d e las Fábulas de Samaniego, miem bro de la R.S.B., la que sirvió para q u e se hablase elogiosamente de ésta allende los Pirineos. Perdido este singular elo
gio e n ese m arem agnum de la Prensa literaria francesa del siglo XVIII, acaso haya escapado a la sagacidad d e los investigadores. C oncretam en
te apareció en el Journal du M onsieur, Frère d u Roi, par M . l'A b b é Ro- y o u . Chapelain de l'O rdre de S. Lazare, de la Société Royale de N a varre, tom e seconde, à Paris, de ITmprimerie de K napen au bas du P ont S. Michel, M DDLXXXII. D ebo a la am istad d e R. Rancoeur, co n servador de m anuscritos de la Biblioteca N acional d e París, u n a repro
ducción fotográfica d e este periódico y algunas noticias interesantes so
b re el mismo.
Según éstas, el Journal de M onsieur, Frère du Roi fu e u n perió
d ico d e París q u e se editó los años Î781-1783, alcanzando 18 tomos, dirigido p o r el A bate Tomás M aría R oyou, herm ano político de E. Fré- ron, director d e L 'A n n ée Littéraire. T.M. Royou nació en Q uim per hacia 1741, fu e profesor de Filosofía en el célebre Colegio Louis-le-G rand d u ran te veinte años y prosiguió su actividad de periodista al com ienzo d e la R evolución Francesa, m uriendo en París el 21 d e junio de 1792.
P ropiam ente el Journal de M onsieur iniciaba su tercera época cuando asum ió su dirección M. R oyou (1781-83), y a que, según la «Bibliogra
p h ie de la Presse» de H atin, el periódico había nacid o e n 1776. U na colección com pleta del mismo se encuentra en la Biblioteca N acional de Francia.
En su tom o II (1782), pp. 49 ss., nos encontram os co n u n artículo d e presentación d e la obra d e Félix Samaniego, bajo el título siguien
te; FABLES en vers espagnols, par M. le Chevalier de Samaniego, de la Société Royale d e Biscaye. El artículo, característico del género d e crí
tica literaria d e la época, presenta la obra del célebre fabulista, n o sin m encionar d e en trada a La Fontaine y a otros fabulistas alemanes, in gleses e italianos. España era el único país e n q u e n o había surgido u n fabulista. Samaniego tiene el h o n o r d e ser el prim ero. Su centenar de fábulas son u n a m uestra de la «literatura ilustrada» y d en o tan en su a u to r u n a vasta lectura de los fabulistas antiguos y m odernos. ¿Le ga
n a rá n la consideración d e sus com patriotas q u e se merece? Lo d u d a el presentador francés. El mérito d e u n a u to r es paralelo a las dificulta
des q u e h a debido vencer; la m ayoría d e los lectores n o lo percibe y
m enos e n el apólogo, donde el arte no se deja captar, donde la finura y hasta lo sublime se diluyen en form as poco rebuscadas y sencillas. Lo mismo ocurrió a La Fontaine fu era de Francia. Las m etáforas atrevidas, la prodigiosa variedad de temas, la u n id ad de la obra de La Fontaine escapan a la m ayoría de los lectores, y convierten a la obra en algo agradable y propio d e niños, mientras que para el francés conocedor de la materia se trata de u n a obra sorprendente.
La Fontaine es el patrón p o r el que se mide a Samaniego. En éste se hallan frecuentem ente las gracias y la fin u ra de aquél; a veces pa
rece tom ar como modelo a Fedro, aunque sin alcanzar su concisión.
Tam bién Samaniego afecta u n cierto laconismo, que le hace om itir de
talles preciosos y ornam entos literarios en los que brilla el talento del n arrad o r y constituyen el principal atractivo del apólogo. Samaniego prom ete en el prólogo ofrecer versos al alcance de los niños y que no difieran de la prosa más sencilla. Acaso ha sucum bido al prejuicio, di
fu n d id o tam bién entre algunos críticos franceses, de que la poesía de La Fontaine hace sus versos ininteligibles a los niños, y consiguiente
m ente inútiles. Sus moralejas resultan a veces demasiado profundas y hasta peligrosas.
El instinto del gusto y el talento para la poesía, connaturales en Samaniego, le han hecho superar los escollos. El crítico francés elogia las fábulas, plenas de la poesía más brillante y fá c il enum erando al
gunas en particular. El chauvinism o francés asom a de nuevo en este co
m entario final; e n el que parangona dos versos de Samaniego y La Fon
taine - «Pues, tocante a la paz seré u n Octavio», «L'on citera m on regne avec celui d'Auguste». «He aquí estas aproxim aciones - o seme
janzas - , de las que el mismo La Fontaine sería aplaudido y que indi
can al hom bre digno que lo suplanta en España».
Más allá de los méritos estrictamente literarios, el articulista quiere p o n er de relieve el significado de la obra de Samaniego y la intención y m arco de su obra. En este punto, teje u n encendido elogio de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y de su Seminario d e Ver- gara. Traducim os íntegram ente este interesante texto;
• Lo que aum entará infinitam ente el reconocim iento que la N ación española debe a M. d e Samaniego, es la intención o finalidad con que ha com puesto sus fábulas. N o es sólo la reputación del autor, para la que sus talentos le dan pleno derecho, sino el deseo de ser útil a su país, lo que ha sido su objetivo. La colección que presentam os ha sido com puesta para los jóvenes alum nos del Colegio Real de Vergara, del q u e M. d e Samaniego, como miem bro de la Sociedad Bas-
que, es uno de los directores. U n Colegio bajo la dirección inm ediata d e u n cuerpo literario y q u e es el principal ob
jetivo d e sus estudios, de sus cuidados y hasta de sus gastos:
esto nos parecerá seguram ente m uy extraordinario.
H ubo u n tiem po en que in u n d ó a Francia u n diluvio de libros sobre la educación. El tem a estaba entonces d e m o
da: se hablaba de él, com o se habla h o y de m úsica o de Jeannot. En ese mism o tiem po, n o se escribía en España so
b re el tem a; pero e n la m enor de sus provincias, e n medio d e los Pirineos, se form ó u n a asociación de caballeros que se com prom etieron a cultivar las Letras p o r am or a su país y a p o n er en com ún sus conocim ientos, su tiem po y hasta u n a p arte d e sus bienes para consagrar todo a la educación de sus conciudadanos. Si cualquier otra N ació n distinta d e la española ha d ad o antes u n ejemplo d e patriotism o ta n p u ro, q u e se me la cite. ¿Es esa la nación q u e tan to se ha c a lum niado? ¡Q ué grandes virtudes (vertus mâles), q u e apre
ciam os tanto menos cu an to q u e son m ás raras entre noso
tros, n o pueden com pensar el ridículo al q u e d e nuestra p ar
te le expone el desprecio q u e la nación española hace d e las pequeñas cualidades exteriores, del talento frívolo, d e los q u e deberíam os avergonzam os m ás q u e enorgullecem os!...
D esde hace dos siglos nos ac u n an c o n cuentos absurdos sobre España? a ú n n o se h a cansado nuestra curiosidad. C ons
tituirá u n problem a para nuestros nietos, cóm o e n u n a edad llam ada de la razón y la Filosofía, e n u n tiem po e n que nuestros estudios h a n penetrado e n los países m ás descono
cidos, e n q u e poseemos miles d e volúm enes sobre la China, e n q u e hemos querido conocer to d o hasta e n la pequeña is
la d e Tahiti... ¿cómo es posible - m e p r e g u n to - que ü n reino lim ítrofe de Francia e n el q u e reina la fam ilia de nuestros reyes y q u e las ininterm m pidas relaciones políticas y comerciales lo traen constantem ente a nuestra memoria, no nos sea conocido m ás q u e p o r las Fábulas, y lo re h u y an los viajeros que, bajo pretexto de ir a observar u n país q u e no tienen ni tiem po n i deseo d e conocerlo, v a n a él para o fre
cerse e n espectáculo? N o v en nad a m ás q u e a sí mismos, hab lan d e todo, y sin em bargo lo critican to d o y reto m an gloriosos con mil ideas falsas q u e Ies faltab an y llenos, hacia el pueblo q u e h an visitado, casi de tanto desprecio como el q u e h an sabido inspirar hacia sus personas.
U n hom bre instruido y observador, que sepa en prim er lugar sobreponerse a esta prevención ridicula, que nos quie
re hacer com parar u n viaje por España con la m archa p en o sa de las caravanas en medio de los arenales d e Arabia; que no se adm ire de las diferencias d e costumbres y usos más de lo que hace el N aturalista d e la variedad de producciones de la tierra e n los diferentes climas; q u e haya estudiado la naturaleza hum ana suficientem ente como para esperar en
co n trar vicios ju n to a virtudes y para convencerse que eso q u e se llama ignorancia se conjuga frecuentem ente con las cuahdades más sólidas y brillantes del espíritu, mientras que un a cierta especie de conocim ientos no excluye ni el vacío del espíritu n i el del corazón: a ese hom bre le está reserva
do hacernos conocer España. O frecerá al público sus re
flexiones y el resultado d e sus estudios; los ofrecerá y dedi
cará a la misma nación española, pero sin pretensión, sin m ahgnidad, sometiéndolos a su critica y haciendo protesta del respeto que le debe a ella y n o a prejuicios. Si h a goza
d o en España el derecho de hospitalidad, que n o piense que lo viola o se hace indigno de él p o r m ostrar las verdades q u e ha descubierto; p o r el contrario es el salario q u e le paga, sin creerlo p o r debajo del beneficio que ha recibido.»
Samaniego fu e la ocasión para presentar a Francia a la R.S.B., co
m o exponente de u n a inquietud cultural y como eficaz contribución aso
ciada a la cultura y al progreso del país en u n rincón perdido de los Pirineos. Y a su vez la noticia sobre la Real Sociedad sirvió de ocasión para denunciar, ya en 1782, u n a situación anóm ala de la cultura fra n cesa, abierta al conocim iento de las m ás remotas culturas y totalm ente cerrada e ignorante a lo q u e ocurria en la nación vecina.' Creo de su
m o interés registrar esta voz d e alarm a en 1782. D os años antes Char^
les Joseph Panckoucke, im pulsado p o r el éxito de la Enciclopedia de D iderot, concibió u n a nueva Encyclopédie M éthodique, evitando el es
píritu tendencioso de la anterior. En 1783 aparecía su prim er tom o so
bre G eografía y en él u n artículo sobre España. Su au to r era N icolas M asson de Morvilliers, quien y a en 1776 había publicado u n Abrégé d e la géographie de l'Espagne et du Portugal. Inspirado en M ontesquieu y Voltaire, veía en España la representación de lo q u e com batían los filósofos de m oda. U n au to r m oderno com o R. H err califica de «ex
clam aciones pueriles» las ideas vertidas p o r M asson en su artículo. To
do e n él es h o rro r ante la ignorancia y la pereza d e España, la inca
pacidad de explotar sus riquezas, la ineptitud del G obiem o, el fa n a tism o del clero, la tiranía d e la Inquisición... «¿Qué es lo q u e se debe
a España? ¿Q ué ha hecho por Europa en los dos últim os siglos, en los últim os cuatro o diez?» (6).
El artículo de M asson provocó indignación en España. Floridablan
ca prohibió la im portación de la E ncyclopédie, se em bargaron miles de ejemplares, hubo protestas diplom áticas ante París. El célebre botánico Cabanilles publicó la prim era refutación de M asson. U n eclesiástico ita
liano, Cario D enina, leía su apología d e España e n la Academ ia de Ber
lín (1786). El asunto M asson desencadenó u n a ola de refutaciones, e n tre las q u e es fam osa la d e F om er (7). La audiencia alcanzada por la polém ica explica que h ay a sido m ás estudiada. ¿Se refería a M asson el articulista del Journal d u M onsieur? El Abrégé d e aquél había apare
cido e n 1776. En cualquier caso, u n año antes de la aparición del vi
rulento artículo (1783), el Journal denunciaba la actitud injusta d e ia cultura francesa y su apoyatura firm e no fu e otra q u e la existencia de la Real Sociedad Bascongada d e Amigos del País. Su nom bre, su razón de ser y la nobleza de sus metas y esfuerzos, resonaron con h o n o r en los m edios literarios de la Ville des lumières.
DOCUMENTOS
I
C A LIFIC A C IO N DE FRAY TOM AS M U Ñ O Z (1779) (Seminario de Zaragoza, Biblioteca, A rm ario 13, tabla a)
En virtud d e orden q u e V.S.I. se digna com unicarm e, he visto la copia del artículo II titulado Miscelánea, d e los Extractos d e las Juntas Generales, p o r la R.S.B. d e los Amigos del País e n la Villa d e Bergara p o r septiem bre de 1776, los q u e parece se im prim ieron en V itoria por Thom ás Robles y N avarro. La de los reparos hechos privadam ente co n tra dicho artículo, e n q u e se trata del luxo. La de la illustración del mis
m o artículo, q u e es respuesta y satisfacción a los dichos reparos. La de la A dvertencia q u e hizo im prim ir la R.S.B. e n sus Extractos d e 1777 p a ra declarar sus intenciones y verdadero sentido del artículo en ques- tión. La de u n a c arta particular q u e recae sobre todo, q u e empieza? M uy Sr. m ío y amigo: M e h ace v.m d. dem asiado honor, y concluye, junio 6 d e 1778. B.L.m. d e Vm. Fr. A n tonio R oque Góm ez del Casal. Y últi-
(6) Cfr. R. Herr, o.c„ p. 182.
(7) Ibid., p. 182-189. Sobre la polémica en tomo a Masson, cfr. J. Ma
rías La España posible en tiempo de Carlos lll. (Madrid 1963), 47--92.
m ám ente la delación hecha de esta carta, de dicho art. 11 y A d v e rte n cia q u e le explica.
Todo lo he leydo con el m ayor cuidado, y me parece q u e el assum pto n o es d e tanta gravedad como aprehende el delator y q u e no merece em barazar a V.S.l. con su prolixo exam en, y m ucho menos en tom ar él otras providencias. Para d a r razón de todo diré lo que entien
do sobre cada u n a de las piezas que se nos presentan y sobre los p u n tos que m otivan la delación.
Lo prim ero que tenem os es el artículo 11 impreso en los Extractos de la R.S.B. del añ o de 1776. Su assum pto es persuadir q u e el luxo n o sólo no es perjudicial, sino que es útil al Estado. Para esto se le d efin e en unos térm inos m uy generales adaptables al moderado y per
m itido. y al excesivo y prohibido. Dícese que el prim er paso q u e dio el hom bre m ovido d e su sensibilidad natural, em pezando a desembolver el trastornado cahos de su ofuscado entendim iento fu e acia el luxo, aban d o n an d o el duro exercicio de la pesca y caza a q u e su vida feroz le tenía acostum brado, p o r el m exor substento que le ofrecía la agri- cuhura y cosas semejantes: q u e es notoriam ente falso q u e el luxo fuese causa d e la ru in a de los Im perios famosos, y se d a el nom bre de decla
m adores atrabiliarios a los q u e h a n sido de esta opinión, alegándose al
gunas razones en fa v o r del mismo luxo.
Si el A. [Autor] de este escrito no fuese conocido, si fu era de una religión corrom pida, no hai duda que podía tenerse p o r sospechosa su doctrina, pues se podía presum ir aprobaba el luxo excesivo, que n o pue
d e conducir sino a la corrupción d e las costumbres, ru in a del Estado y de las fam ilias. Pero siendo adoptado p o r u n cuerpo verdaderam ente resp>etable y católico, es acrehedor a q u e se le de u n sano sentido, *<i le tiene: en efecto, perm ite sin violencia el que se le ha dado en su lUustración y A dvertencia impresa, y con su explicación estamos fu era d e todo escrúpulo.
El delator escrupuloso sin duda tem ió que la doctrina, n o bien me
ditada. podía ser perjudicial, y expuso sus reparos (es lo segundo que se no s presenta), procuró fundarlos, fu ero n bien recividos p o r la R.S. y ésta creyó la buena fe q u e los producía: ellos se reducen: 1.°, que el lu x o n o se defin e bien. 2.°, q u e se llam an declam adores atrabiliarios a los Padres y demás q u e h an clam ado contra él. 3.°, q u e es contra b u e
n a Theología y Sta. Escritura decir q u e el hom bre m ovido de su sen
sibilidad natural empezó a desem bolver el trastornado cahos d e su en tendim iento.
En la proposición de estos reparos se advierte el zelo q u e los mo
tivó, au n q u e su A. siempre debió ha- (713 v) cerse el cargo del sentido sano q u e adm itía el escrito y de las buenas intenciones d e la R.S.B., lo que le debió aquietar.
Estas intenciones están claras en la Illustración del artículo y A d vertencia dad a después al público, pues en u n a y otra se evacúan sufi
cientem ente los reparos. N i éste p u ed e ya d u d ar del verdadero sentido del artículo, que los motivó. Y si reflexionam os la A dvertencia se halla
rá, que a u n va m ás lexos de lo regular, pues no se contenta con satis
facer a los reparos, sino q u e pasa quassi a retratar to d o el artículo im preso, siendo m ui digna d e reflexión y alabanza su conclusión, reduci
d a a u n a protesta m uy cathólica concebida en estos térm inos: «Pro
testan (las 4 Comisiones) que haviendo procedido en el Extracto de q u e aq u í se trata co n toda buena f e y sinceridad, n o tienen el m enor em peño ni parcialidad e n sostener proposición alguna del escrito a que pueda darse interpretación poco ventajosa a las sagradas inconstratables m áxim as de nuestra cathólica religión, n i q u e suscite la m ás leve co n troversia theológica. D eseaban las com isiones recoger todos los exempla- res para q u itar de ellos enteram ente el artículo q u e h a ocasionado las notas. Pero ha sido imposible, porque, q u a n d o se llegaron a entender éstas, y a estaban millares d e ellos distribuidos p o r toda la España y en cam inados para las Indias. P or cu y a razón se ha dispuesto esta A d v e r
tencia, q u e sirva de declaración cierta d e la recta y sana intención de la R.S.B., y del autor, q u e nad a desea tanto com o evitar el m ás rem oto m otivo de escándalo y desedificación». M e parece esto basta con la explicación dada, y que la A dvertencia es u n a satisfacción m u y su
ficiente.
Estoy persuadido a que el zeloso delator se aquietó p o r entonces co n esta satisfacción, pues vemos guarda u n p ro fu n d o silencio p o r más de u n año, si cotejam os las fechas d e la Advertencia y su delación: y n o era de extrañar, pues p o r u n a p arte la satisfacción era suficiente (aunque n o tan grande como parece deseaba), y p o r otra se le hacía honor, diciéndose *que los térm inos co n q u e e n los Extractos del año antecedente, pág. 69, se trataba el assum pto del luxo, havían suscita
do algunos reparos entre personas d e Literatura y zelo; y q u e éstos eran tanto más recom endables, q u an to co n la atención q u e se havía tenido de com unicar las notas, hacían dem onstración d e la sinceridad y b u e
na fe que los m ovieron».
Todo esto a mi juicio aquietó p o r entonces al zeloso delator. Y si no, ¿por qué guardó tan to silencio u n a ñ o entero? Y ¿qué le m ovió luego p a ra interrum pirle y traher la causa al Santo O ficio? Y o n o hallo otro m otivo que verse sorprehendido co n la carta, q u e es la últim a pieza
que se nos presenta. Escrivióse ésta, según parece, en 6 de junio de 78.
Dirigióse p o r este motivo al sujeto que expresa, socio d e la R.S.B., y se le dice (n. 50) se sirva presentarla a la R.S., lo que sin duda alguna debe entenderse en las inm ediatas Juntas Generales del septiembre si
guiente: M e presum o q u e hasta este tiem po estaría reservada y que sólo se extenderían sus copias después d e la disolución de dichas Juntas, en q u e es regular se hiciese presente y publicase. D e m odo que estas co
pias sólo se dexarían ver en el mes de octubre de dicho añ o de 78, no siendo de extrañar pasase todo este mes sin llegar a m anos del sabio delator. Llegó pues¡ vio éste en ella n o se le hacía aquel hon o r que la R.S. le ha vía hecho? vio que se le trataba de anónim o, con otras fra ses bastante agrias y fuertes. Y esto en mi juicio fu e lo que, p o r decirlo así, le acaloró (715) para hacer la delación, pues luego sobre la m ar
cha nos hallam os con ella en el mes de noviembre. Los fundam entos q u e sum ariam ente expone son los mismos que se expusieron a la R.S.B., los que, com o he dicho, están suficientem ente evacuados, por más que el delator aprehenda insuficiente su satisfacción.
P o r lo respectivo a la carta, debo decir que. au n q u e en ella se halla alguna otra expresión dura, n o me parece digna de censura de oficio.
D ebió al delator expresar específicam ente los pasajes que dice son ca
lum niosos. no sólo a su persona, sino tam bién a los zelosos que en el pùlpito y conferencias privadas afean los excesos de los pueblos; a to
da la N ación Española, a su Real Academ ia, a los Reales Decretos de los Soberanos. D ebió citarnos igualmente las expresiones escandalosas y fautoras de las doctrinas perniciosas. Porque yo n ad a de esto en
cuentro.
Satisfácese en ella plenísim am ente a las 3 proposiciones que se sos
p echaron dignas de censura: 1.®, «el luxo (prescindiendo del b ueno o m al uso q u e se puede hacer de él), es u n disfrutar m ás frío y delicado de la existencia, placeres y com odidades, q u e el hom bre vusca a costa de las riquezas q u e heredó o adquiere». 2.®, «el hom bre m ovido d e 6U sensibilidad n atural em pezó a desem bolver el cabos d e su ofuscado en tendim iento». 3.®, «la pesca y caza fu ero n los prim eros exercicios con q u e el hom bre ganó la comida, a que le tuviesen brutalm ente acostum brado». N o hallándose esta últim a proposición e n los Extractos, pues sólo se dice en ellos <Luxo es para el hombre abandonar el duro exer- cicio de la pesca y caza, a que su vida feroz y brutal le tenía baja
m ente acostumbrado*.
A la 1.® se satisface desde el n. 4. A la 2.®, desde el 40. Y a la 3.®, desde el 46. En toda ella se distingue con to d a expresión el uso m ode
rad o de las cosas q u e no nos son simpliciter necesarias para la vida
hum ana y honesta decencia del estado (a lo que se da nom bre d e lu
x o m oderado). D el uso excesivo y desordenado de estas cosas (que es lo q u e el delator únicam ente entienden p o r luxo), apro b an d o solam ente el prim ero y reprobando señaladam ente el segundo e n los n n . 8, 10, 14, 15... se hace justicia a los m inistros del Evangelio n. 28 y 49; a la N ación española solo se la toca en los num m . 18 y 24, sin q u e se halle expresión que la ofenda. D e la A. Academ ia solo se habla en el 36 y 37 y e n to d o se ve m ucha m oderación: y de los Reales D ecretos que prohiben el luxo desordenado, nad a se dice.
En cu an to a la determ inada persona del delator, tam poco hallo co
sa particular, pues sólo se declam a contra u n anónim o, cuyo nom bre y carácter se ignora? co n tra u n censor cuyo nom bre y carácter se le ocul
tó al a u to r d e la Carta, com o se dexa conocer p o r sus num . 1 y 50; co n tra el a u to r d e u n escrito que, desde luego procura ocultarse y q u e aca
so se ocuhó a la R.S.B. Y si no ¿por q u é no la dirijió p o r sí mismo sus rep>aros? ¿Por q u é los rem itió p o r tercera persona? ¿Por q u é no firm ó el papel en q u e los exponía? T odo esto arguye algún misterio y to d o d io m otivo p a ra q u e se creyese sea u n verdadero anónim o. Y así y o n o hallo q u e el P. Góm ez del Casal o fen d a a la determ inada persona del sabio y teólogo delator, sin embargo de las expresiones fuertes que se h allan en los num . 1, 4, 7, 14, 19, 21, 40 y 49. A unque, a la verdad, p u d o y debió omitirlas com o m ás conform e a la m oderación chnstia- na. Pero como n o las dirigió co n tra sujeto alguno particular, así a n in guno en particular ofendió expresamente.
Tam bién debió el P. Góm ez excusar algo de lo q u e refiere en ú n. 14 del au to r del lu x o del Esprit d e la Encyclopedie y la cita de M. H um e en el n. 22. Pero lo prim ero es m era relación y en lo segun
d o solo se hace u n a simple cita, sin peligro de caer en el extrem o de este M onsieur, q u e tuvo p o r u n a especie d e fanatism o la mortificación, de los sentidos e n los placeres q u e de suyo son perm itidos y in n o cen tes: de lo q u e nad a se toca e n la Carta. (716).
P or últim o, se h ace preciso decir q u e to d o el assum pto de la de
lación está reducido a u n a questión de voz y n a d a más? pues to d o de
pende de d a r significado cierto y determ inado a esta voz luxo, extra
ñ a quasi hasta ahora a nuestro idiom a. El delator está em peñado en q u e n o le corresponde otro q u e el u so (o p o r m ejor decir, abuso) ex
cesivo y desordenado de las cosas q u e no s son supérfluas o que n o son.
precisas para la vida h u m an a y decencia del resp>ectivo estado. P or el contrario, la R.S.B. y el a u to r d e la C arta sostienen q u e aquella voz p u ed e igualm ente extenderse a significar el uso m oderado d e las cosas perm itidas y lícitas, a u n q u e n o nos sean precisas indispensablem ente. Y
es cosa dura que el Santo O ficio decida la questión y ponga signifi
cado determ inado a aquella voz. Por lo q u e soy d e sentir q u e e n lo q u e expone la delación no hai cosa digna de censura theológica.
Este, Ilustrísimo Señor, es mi parecer (que sujeto a la corrección de V.S.I. y otro m ejor dictamen). M adrid, 14 d e m ayo de 1779.
II
JOURNAL DE MONSIEUR, FRERE D U ROI, p ar M. l'A bbé Ro- you. Chapelain d e l'O rd re de S. Lazare, de la Société Royale de Navarre.
Tome Second. A Paris, D e ITmprimerie de K napen, a u has de Pont S. M ichel, MDCCLXXXIL
(Biblioteca N acional de París. D épartement des imprimes. X. 51.217.
n. 49-59. 10366).
(p. 49) Le siècle de Louis XIV, qu'illustrerent tous Ies talens à la fo is s'honora sur-tout d 'a v o ir produit l'im m ortel La Fontaine. Le b o n hom m e nous effacera tous, disoit M oliere à Despréaux et à Racine. Je n e sais point si la postérité a confirm é le jugement d e M oliere, mais si elle n e met p o in t La Fontaine au-dessus des A uteurs du M isantrope, d'A thalie et de l’art poétique, d ie n e p ourra s'em pêcher a u m oins de lui d o n n er u n e place à côté d e ces grands hommes. Sans parler des an
ciens. Gellert e n Allem agne et G ay chez les Anglois, o n t enrichi leur littérature p a r leurs apK>logues; les Italiens avoient plusieurs recueils de fables, et la natio n Espagnole étoit à peu-près la seule en Europe qui n 'e n (p. 50) eut au cu n dans sa langue.
M onsieur le C hevalier de Samaniego vient e n fin d e lui en d onner un. n est com posé d e plus d e cent fables et l'o n peut assurer q u 'il n 'e n est p resqu'aucune où l'o n ne reconnoisse le littérateur éclairé, nourri d e la lecture des b o n s fabulistes anciens et m odernes, e t m éritant d'être cité avec eux. Son ouvrage lui vaudra-t-il parm i ses com patriotes le de
gré de considération q u i lui est du? Il est permis d ’en douter.
Les succès d 'u n A uteur sont presque toujours en raison des d iffi
cultés connues q u 'il a eu à surm onter: et le corom un des lecteurs en suppose très peu, o u presque p o in t dans l'apologue, o ù l'a rt n e se fait jam ais appercevoir, où l'extrêm e finesse e t souvent le sublim e se m on
trent sous les form es les m oins recherchées et avec u n extérieur d e sim plicité qui les fait m éconnoître du grand nom bre. C'est ainsi q u e la Fontaine lui-même n'est pas assez adm iré hors d e la France. Cette fo u le d'expressions créées, ces m étaphores hardies et ces grands effete d e poé-
J O U R N A L ;
D E ,
M O N S I E U R .
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r è r e d uR O I ,
F ^r M* VAbbé R O Y O ü , Chapelain
¿e V O rdn de. S._ Lazare 3 de la Société Royale de Navarre»
T O M E S E C O N D .
A p a r i s ;
P « riroprimerie de K N A F E N >
au büü du Pont S, Michel.
M.‘ D C G . L X X X I I ,
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sie dont le genre q u ’il traitoit, paroissoit si peu susceptible (p. 51); en fin cette prodigieuse variété q u ’il a jéttée dans son style, sans p o u r cela détruire l'unité: tout cela échappe à la plupart des lecteurs étrangers. Ils n e voyent assez com m uném ent dans les fables d e la Fontaine q u 'u n ouvrage agréable et u n am usem ent d e l'enfance, tandis q u e p o u r le François véritablem ent connoisseur, elle sont (comme on l'a si bien dit) ce que l'histoire littéraire de tous les siècles o ffre peut-être de plus étonnant.
O n n e reprochera point à M onsieur de Samaniego de n 'a v o ir point senti tout le m érite de la Fontaine; on lui trouve souvent les grâces, la finesse d u bon-hom e, et ce qu'il appelloit Vart de plaire et de n ’sy son
ger pas. Q uelquefois c'est Phoedre q u 'il semble avoir pris uniquem ent p o u r modèle. M ais alors il auroit d û éviter de passer les bornes de cette concission q u e le fabuliste latin s'étoit prescrite. C ependant quelquefois l'affectation de ce laconism e fa it rejetter à M onsieur d e Samaniego, ces détails intéressans, ces ornem ens poétiques, oû brille sur-tout le talent d e conter, et qui fo n t le principal attrait de l’A- (p. 52) pologue. C'est par-là sans doute q u ’il a cru satisfaire a lengegement q u 'il a contracté avec son lecteur. Il lui prom et dans sa préface d e faire des vers tout-à-fait à la portée des enfans, des vers qui n e différeront pas de la prose plus simple. Mais, que seroit-ce d o n c que des vers com m e de la prose?
D 'ailleurs, c'est u n préjugué, com m e M onsieur de Samaniego a paru le croire d'après je ne sais quel de nos critiques, q u e tro p d e poésie rend les Fables d e la Fontaine très-peu intelligibles, et p a r conséquent in u tiles au x jeunes gens. Q uelques m oralités tro p peu approfondies, d ’au
tres d o n t l'application peut être dangereuse com m e celle-ci:
Q uiconque est loup agisse en loup;
c ’est le plus certain de beaucoup Et cette autre:
Le Sage dit, suivant les gens:
Vive le Roi! Vive la Ligue!
V oilà ce qui a fait m ettre en problèm e p a r quelques-uns, si ces Fa
bles devoient être mises en tre les m ains (p. 53) de la jeneusse; m ais bien lo in d e soupçoner q u e leurs beautés de poésie dusent e n faire interdire la lecture au x enfans, je pense au contraire q u e c'est-là ce q u i fix e leur attention et les grave dans leur mémoire. Où-est-il cet e n fa n t q u i n ’a pas en ten d u à la prem ière lecture, quel est celui qui a jam ais oublié le C hê
ne et le Roseau, les A n im a u x malades de la peste, le Vieillard et les troi jeunes gens, etc.? où to u t ce q u e la poésie à de pom pe, de luxe et d'images, se trouvent jetté p o u r ainsi dire, avec profusion? il en est de l'hom m e dans l'enfance, com m e à la naissance des sociétés. Son la n
gage le plus naturel est la poésie. Son am e alors toute au-dehors rappor
te tout aux objets physiques, il n 'a point encore d'idées abstraites, et c'est p ar des images qu'il exprim e sa pensée.
H eureusem ent p o u r M onsieur de Samaniego, l'instinct du goût et 10 talent p o u r la poésie avec lequel il est né, lui ont fait oublier m al
gré lui ses principes. Je puis citer plusieurs d e ces Fables qui sont rem plies de la poésie la plus facile et la plus brillante. Telles sont la (p. 54) Caille, le Lion am oureux, le C heval et le C erf, les d eu x M ulets, etc. D ans celle intitulée les signes et le Léopard, celui-ci fe in t d'être m ort; c ’est le piège q u ’il tend aux singes qui, trompés p ar ce stratagème, viennent tout joyeux danser sur le prétendu cadavre de leur ennemi. Mais tout- à-coup, le Léopard
levántase ligero
y más que nunca fiero pilla, mata, devora de m anera que parecía la sangrienta fiera
cubriendo con los m uertos la cam paña.
al Cid m atando moros en España.
Voisi à-pue-près la traduction de ces vers:
M ais tout-à-coup il s'élance et rien n ’échappe à la vengeance de cet anim al en fu reu r
il frappe, el tue, il dévore
Tel autrefois contre le peuple more l’on vit le Cid exercer sa valeur
et d u sang africain in o n d er nos campagnes, (p. 55).
Le M ilan proposant au x Pigeons de l'éhre p o u r roi, jure q u ’il m ain
tiendra toujours ces sujets dans u n e paix parfaite:
Pues tocante a la paz seré u n O ctavio L'on citera m on regne avec celui d ’Auguste.
Voilà de ces reprochem ens heureux d o n t La Fontaine lui-même se seroit applaudi, et q u i indignent l'hom m e digne de le rem placer en Es
pagne.
C e qui ajoutera infinim ent à la reconoissance q u e la N ation Es
pagnole doit à M onsieur d e Samaniego, ce sont les vues dans lesquelles 11 à com posé ses Fables. Ce n'est p o in t la réputation d ’A uteur à laquelle d'ailleurs ses talens lui d o n n en t ta n t d e droit, c'est le désir d'être utile à son pays q u 'il a eu p o u r objet. Le recueil q u e nous an n o n ço n s á été com posé p o u r les jeunes élèves d u Collège Royal d e Vergara, d o n t M on
sieur d e Samaniego, com m e M em bre d e la Société Basque, est u n des Directeurs. U n Collège sous la direction im m édiate d 'u n corps littéraire, et faisan t le principal objet de ses recherches, d e (p. 56) ses soins et même d e ses depenses: cella no u s paroitra sûrem ent fo rt extraordinaire.
D a été u n temps o ù l'o n étoit in o n d é e n F rance d ’u n déluge d 'o u vrages sur l'éducation. C e sujet étoit alors à la m ode: o n en parloit, com m e a u jo u rd ’h u i o n parle d e la M usique et de jeannot. D an s ce même temps, o n n'écrivoit pas e n Espagne; m ais dans la plus petite de ces provinces, a u m ilieu des Pyrenées, se form oit u n e association de gen
tils hom m es q u i s'engagèrent à cultiver les lettres p a r am o u r p o u r leur p ay s et à m ettre e n com m un leurs connoissances, leur temps et u n e p ar
tie de leurs biens, p o u r les consacrer à l'institution d e leurs jeunes con
citoyens. Si toute autre N ation que l'Espagnole à d o n n é aup arav an t u n exem ple d 'u n patriotism e aussi pur, q u 'o n m e la cite. Et c'est-là cette N atio n q u e l'o n à ta n t calomniée?
Q u e de vertus mâles q u e nous savons d 'au tan t m oins apprécier qu'elles sons plus rares parm i nous, n e peuvent garantir d u ridicule au q u el l'expose, de notre part, le m épris qu'elle fa it d e (p. 57) ces pe
tites qualités extérieures, d e ces talens frivoles, d o n t no u s devrions rou- gii a u lieu d e n o u s tan t vanter.
D epuis plus de deux siècles o n nous berce de contes absurdes sur l'Espagne: e t n o tre curiosité n e s'est pas encore lassée. Ce sera u n pro
blèm e p o u r nos neveux, com m ent dans u n âge appellé de raison et de Philosophie, dans u n tem ps où nos recherches o n t pénétre d an s les pays le plus inconnus, où no u s avons d e milliers d e volum es sur la Chine, o u no u s avons voulu connoitre to u t jusqu'a la petite isle d 'O taïti; com
m ent, dis-je, u n grand R oyaum e lim itrophe de la France, où règne la fam ille de nos Rois, et que des relations n o n interrom pues d e politi
que et de com m erce rappellent continuellem ent à n o tre mémoire, ne nous est co n n u encore q u e pas les Fables q u 'e n débitent des voyageurs qui, sous prétexte d'aller observer u n pays qu'ils n 'o n t ni le tem ps n i le désir d e conoître, v o n t p o u r s'y d o n n e r e n espectacle; n e voient rien qu'eu x , parlent de tout, cependant critiquent tout, et s’e n retournent (p. 58) glorieux de mille fausses idées q u i leur m anquoient et remplis p o u r le peuple q u ’ils o n visité d e presque autant d e m épris q u ’ils o n t su lui e n inspirer p o u r leurs personnes.
U n hom m e instruit et observateur qui sache d 'ab o rd s'élever au- dessüs d e cette prévention risible, q u i no u s fa it com parer u n voyage en Espagne à la m arche pénible des caravanes au m ilieu des sables d 'A ra bie; q u i n e soit pas éto n n é d e la diférance des m oeurs e t d ^ coutum es, qu e le N aturaliste n e l'est de la variété des productions d e la terre sous
différens climats; q u i ait étudié la natu re hum aine assez p o u r s'attendre à trouver des vices à côté des vertus, e t p o u r être b ien convaincu que ce q u 'o n appelle ignorance tient souvent au x qualités les plus solides et les plus brillantes de l'esprit, tandis q u 'u n e certaine espèce de connois- sance n'exclut ni le vuide de l'esprit n i celui du coeur: voilà l'hom m e auquel il est réservé de nous faire connoitre l'Espagne.
H livrera au public ses réflexions et les résultats de {p. 59) ses re
cherches; il les o frirâ à la N atio n espagnole elle-mème e t les lui dédiera, mais sans prétention e t sans malignité, les soum ettant à sa critique et pro
testant du respect q u 'il lui doit à elle, mais n o n pas à ses préjugés. S'il a joui chez elle des droits d e l’hospitalité, il n e pense point que ce soit les violer e t s'en rendre indigne que d e lui m ontrer les vérités q u 'il y a découvertes; c'est au contraire le salaire q u 'il lui paie, et il ne le croit pas au-dessous du bienfait.